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Birria y grandes historias en Tonaya

Conocimos a Paco, el sobrino de Juan Rulfo, quien nos contó algunas historias del campo y de cambios
Foto: Mariana Castillo
24/11/2017
18:42
Mariana Castillo
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En el viaje por el sur de Jalisco cada ruta tiene sus aprendizajes sobre la marcha y hay destinos sin planes ni direcciones concretas: de eso se trata viajar. “Tú llega a Tonaya. Ya que estés ahí, pregunta por Paco, el de la birria. Él es el sobrino de Juan Rulfo.” Esa fue la recomendación que hizo José de Jesús Guzmán, cronista de San Gabriel, Jalisco, lugar donde este escritor pasó su niñez hasta la muerte de su padre, Juan Nepomuceno Pérez Rulfo.

Tonaya se menciona en el cuento “No oyes ladrar a los perros” y está en la Región Sierra de Amula, a tres horas de Guadalajara. Al llegar, su calor intenso y polvaredas se te meten en los poros; perros amarillos caminan como en todo México, solitarios y, las más de las veces, hambrientos. Gracias a las indicaciones de algunas personas dimos con la casa de Paco, cuyo nombre completo es Francisco Javier Pérez Soto. Es hijo de Francisco, el hermano menor de Juan, el escritor-leyenda. Su parecido con el autor es enorme: hay cierto aire de familia en su mirada, dirían las abuelas. “Mi papá y mi tío Severiano eran muy duros conmigo. Pero Juan era una persona muy bien preparada, nada de enojos ni nada,” recuerda.

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Francisco vende birria desde hace 12 años, pero no la prepara personalmente: la mandaba a hacer con una persona a la que llamaban “El alcohol” que “ya se murió porque también tomaba mucho. Ahora se la quedó una señora,” cuenta. No sabe qué ingredientes tiene, tampoco le emociona este guiso: él prefiere contar esas memorias que tiene de su tío y de aquella época pasada en la que fue campesino.

Cuando tenía 15 años acompañaba a Juan y visitaban juntos varias rancherías cercanas. “Él disfrutaba platicar con los viejitos. Allá enfrente tenía su cuartito para escribir y así se la pasaba durante días,” dice. Paco sembraba la variedad de maíz nativa de esas tierras, “el criollo”.“Había varios: al que le decíamos olote delgado, el maíz blanco, el amarillo o el ‘cuamilero’. Los desmontan y se siembra con coa, así mateado. En cambio acá las parcelas se sembraban con yunta. Ya no se usa eso, puro tractor,” rememora.

Cuamil es la superficie que se cultiva durante las lluvias de temporal, que eran laderas pedregosas de los arroyos. “Ahora siembran un maíz ya preparado para plaga. Los de antes ya casi no se dan. Sembraba unas 30 hectáreas con medieros, que era una persona a la que se les daba la semilla, un tiro de bueyes y otro de bestias,” dice. Se llevaba sus tacos de frijolitos o una carnita con chile de itacate.

Paco extraña el campo. En 2018 cumplirá 76. Tiene colgadas en las paredes de su negocio las fotos de los antiguos equipos de fútbol en los que jugó, que las muestra orgulloso.

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Puedes probar la birria que vende Paco, o no. Eso es lo de menos. Lo importante es escuchar a quienes dejarán testimonios de cómo era la vida en estos sitios, escuchar cómo es la cotidianeidad de los nostálgicos. Todo se va pasando, en este y otros poblados. ¿Cómo podrás encontrarlo? “Nada más pregunte por Paco y cualquier perro en Tonaya le da razón,” dice

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