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Seis reflexiones sobre libro de Woodward y columna anónima en NYT: El “Crazytown”

10/09/2018
13:54
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La Casa Blanca se ha convertido en un pueblo de locos (un “crazytown”). Esta es una de las conclusiones de uno de los altos funcionarios entrevistados por Bob Woodward, y que forma parte del libro Miedo que se publicará mañana. Gracias a un texto del Washington Post, periódico para el que Woodward trabaja, así como a varias revisiones críticas sobre el libro que se han estado escribiendo, además de numerosas entrevistas que el autor ha estado dando, nos hemos podido ir asomando a detalles y episodios relevantes que el libro narra. De manera paralela, el New York Times optó por la rara decisión de publicar una columna anónima escrita aparentemente por un alto funcionario de la Casa Blanca, probablemente miembro del gabinete de Trump o de su equipo cercano. La suma de estos textos nos da una idea de las tensiones que se están viviendo en la administración a raíz del comportamiento errático del presidente y a causa de la toma de decisiones que, a decir de estas fuentes, son apresuradas y van en contra de los propios intereses de Estados Unidos. Comparto seis reflexiones al respecto:
 

  1. No es la primera vez que hay disenso al interior de una administración, o que distintas posiciones dentro de un gobierno, posiciones frecuentemente encontradas, emergen a la luz. Sin embargo, la intensidad, la frecuencia y el detalle con el que hemos accedido a información relativa a los conflictos en la Casa Blanca—no ahora, sino desde el inicio de este gobierno—sí nos habla de una situación anormal. Anormal no solamente por la tensión que parece vivirse todos los días entre el presidente y sus distintos asesores, secretarios y consejeros, sino por la disposición de algunos de estos miembros del equipo, a filtrar información a fin de que la opinión pública conozca todos los pormenores de lo que allá adentro ocurre. De hecho, más allá de que las fuentes de estas informaciones son anónimas, es posible hacer un análisis de contraste entre todo lo que se ha filtrado a lo largo de los últimos 18 meses, el libro de Woodward, y la editorial de opinión, también anónima, y todo parece encajar. Estamos, en otras palabras, ante información que tiene bases para ser considerada como real.   

 

  1. En ese mismo sentido, los tiempos dentro de los que se enmarcan la publicación del libro de Woodward, y la editorial de opinión anónima, no pueden ser casuales. El hecho de que la misma semana en la que el Washington Post publica un texto sobre Miedo que nos acerca a los detalles del libro, sea justamente la misma semana en la que el New York Times publica la carta anónima del funcionario de la Casa Blanca, nos habla de una posible coordinación pensada con el objetivo de que lo primero soporte a lo segundo y lo segundo a lo primero, considerando, sobre todo, que tanto el libro de Woodward como la editorial de opinión tienen el común denominador del anonimato de las fuentes. Lo notable es que lo que dice la columna anónima encaja perfectamente con lo que dice el libro. Son parte, en otras palabras, de una misma construcción narrativa. Más aún, generar conversaciones al respecto de estos temas precisamente dos meses antes de las elecciones legislativas en EU, también parece formar parte del esquema.

 

  1. Al margen de todo ello, tanto el libro como la carta apuntan a señalar características que posiblemente ya conocíamos, pero que cobran relevancia dado el alto perfil de las personas que parecen revelarlas: las propias personas que trabajan todos los días al lado del presidente. De acuerdo con ellas, Trump actúa muy comúnmente con la mentalidad de un niño de primaria, está obsesionado con temas como la investigación sobre sus potenciales lazos o los lazos de su equipo con Rusia, y, quizás lo más relevante, nos dicen que el presidente es un mentiroso profesional carente de brújula ética o moral. Esto funciona como una especie de diagnóstico que, aunado con el punto siguiente, pareciera justificar, en la visión de estas fuentes, la necesidad de operar en su contra desde adentro.

 

  1. Adicionalmente, indican las fuentes anónimas, Trump carece del más mínimo conocimiento acerca de asuntos globales, acerca de la necesidad de fortalecer lazos con aliados, reconocer quiénes son los enemigos y rivales de Estados Unidos, y enfrentarlos con firmeza, pero sin correr los riesgos que una toma de decisiones apresurada podría acarrear. El presidente no entiende, de acuerdo con estas fuentes, nada acerca de cómo contener a un rival nuclear, pero tampoco acerca de cuándo una superpotencia debe actuar mesuradamente a fin de no escalar hostilidades que posteriormente se pueden salir de las manos. Estos textos nos dan la idea de un Trump que no entiende quiénes o cuáles son los soportes (actores y sistemas) que EU ha construido a lo largo de décadas, no solo en materia de seguridad internacional, sino también en otras cuestiones como el comercio y la economía globales o la propia normatividad internacional y las instituciones que le sustentan. 

 

  1. La conclusión tras la narrativa tejida en los puntos 3 y 4 arriba, parece lógica: alguien tiene que actuar desde dentro de la Casa Blanca para detener al presidente. “Trabajo para el presidente, pero los colegas que piensan como yo, y yo mismo, hemos jurado detener partes de su agenda y sus peores inclinaciones”, dice la editorial anónima, “…los estadounidenses deben saber que hay adultos en el cuarto. Nos damos cuenta completamente de lo que está pasando y estamos tratando de hacer lo que es correcto…”. Adultos, dice la editorial. Por supuesto. Se necesita adultos cuando, según el libro de Woodward, gente de su equipo piensa que el presidente tiene la mentalidad de un niño. Es decir, en la visión de esta serie de funcionarios que, según esta narrativa, están trabajando en colusión para detener o contener al presidente, ellos no están haciendo otra cosa que cumplir con un deber para con su patria. El secretario de defensa, Mattis, lo pone en estos términos: “Un secretario de defensa no elige para qué presidente va a trabajar”. Para él, hay un deber mayor que se necesita cumplir: parar a Trump, al menos en la medida de lo posible.

 
 

  1. El debate acerca de lo adecuado o inadecuado de esa lógica es fascinante. De un lado, hay quien piensa que esos funcionarios más bien deberían renunciar, denunciar todo lo que han visto y en todo caso, luchar contra Trump desde afuera y desde los canales institucionales. Actuar en su contra desde adentro sin dar la cara, se dice y escribe en varios análisis, no es otra cosa que cobardía pura. Sin embargo, estos funcionarios eligen no renunciar. Si renuncian, se sobreentiende en su narrativa, el frente queda desierto: no quedará nadie que pueda detener a Trump y sus “peores impulsos” se materializarán.

 

¿Usted cómo lo ve?
Twitter: @maurimm
 
 
 
 
 

Arenas Movedizas es un espacio para conversar sobre temas internacionales relacionados con el conflicto, intentando aportar siempre la perspectiva de construcción de paz que a veces tanto nos hace...

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