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Se reactivan sanciones petroleras contra Irán: siete factores de contexto

05/11/2018
12:19
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Hoy 5 de noviembre, mientras los estadounidenses se preparan para votar en sus elecciones intermedias (y las fechas no coinciden precisamente por casualidad), se están reactivando las sanciones petroleras de Washington contra Irán tras el abandono del acuerdo nuclear anunciado por Trump en mayo. Utilizo el blog para recordar algunos factores importantes de contexto, recuperando algunas líneas de análisis previos que ahora integro con el nuevo panorama.

  1. Recordando, el acuerdo nuclear mencionado es un pacto firmado entre seis potencias (EU, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China) e Irán. Por tanto, la decisión que Trump tomó en mayo de abandonar el pacto, no lo cancela en automático. Ese convenio, mediante el que Irán se compromete a restringir su actividad nuclear a cambio de la liberación de sanciones, sigue vigente. Sin embargo, la Casa Blanca ha decidido aplicar la presión máxima que ya le conocemos, buscando con ello hacer que el efecto de su salida sí consiga acorralar a la cúpula iraní, a un grado tal que ésta se vea forzada a renegociar. No hay que olvidar que para Trump, se trata de uno de los “peores acuerdos jamás firmados”. De manera que Washington estará sancionando a cualquier tercero que lleve a cabo negocios con Irán, incluso si se trata de compañías con sede en países aliados. Los efectos de la reanudación de estas sanciones no se han hecho esperar. Ya con la primera tanda de sanciones, decenas de empresas han decidido retirarse de cualquier inversión o actividad comercial con Teherán. Adicionalmente, este 5 de noviembre entró en vigor otra tanda de sanciones aplicables principalmente al sector petrolero.
     
  2. Trump se ha colocado, una vez más, en el lado opuesto de sus propios aliados. Las potencias europeas han intentado hacer lo posible para que el acuerdo nuclear sobreviva, y han buscado diseñar estrategias legales y políticas para que sus empresas puedan esquivar las sanciones de EU e incentivar que los negocios con Teherán se mantengan. Para Europa, el pacto con Teherán es la única manera de contener y vigilar la actividad nuclear iraní, y con ello, evitar una proliferación armamentista que pudiera derivar en conflictos incontrolables. Trump, como es habitual, ha respondido aún con mayor presión: “Cualquiera que haga negocios con Irán, NO HARÁ negocios con Estados Unidos”. Así en mayúsculas la amenaza tuitera contra empresas europeas, japonesas y de otros países. Por tanto, como ya lo hemos visto, a Europa le ha costado mucho trabajo que sus medidas consigan la eficacia deseada. La mayor parte de las empresas ha preferido evitar pleitos con EU.
     
  3. Factor Rusia-China. Por un lado, buena parte de las empresas de esos países son invulnerables ante las sanciones estadounidenses, y, como en el pasado, es probable que estas empresas (sobre todo las chinas) evadan sin mayor problema la mano de Washington. Por otro lado, y esta es la parte más importante, hay que considerar que el nivel de enfrentamiento que hoy existe entre Washington y Moscú, o entre Washington y Beijing, es mucho más elevado que en 2010 o 2011 cuando todas estas potencias se coordinaban para sancionar a Teherán. De manera tal que es probable que tanto Putin como Xi Jinping sostengan la buena salud de sus relaciones—económicas y políticas—con Teherán, y que utilicen ese factor como medida de presión para golpear la agenda de Washington y avanzar la suya propia. Aún así, es poco probable que ello sea suficiente para rescatar o mantener a flote a la economía iraní, lo que se conecta inmediatamente con otros elementos mencionados abajo.
     
  4. Los mercados petroleros. Hay que considerar que a pesar de la presión máxima que busca ejercer Trump, sus metas podrían verse perjudicadas bajo un contexto de precios de petróleo demasiado elevados. Es por ello que la Casa Blanca ha emitido una serie de exenciones a ciertos países, exenciones que son limitadas y cuyo formato ya era empelado desde tiempos de Obama. Los ocho países que podrán seguir importando petróleo iraní a un precio reducido son China, India, Italia, Grecia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y Turquía. Se esperaba que Irak, altamente dependiente del petróleo iraní, también quedara exento, pero esto no sucedió. Además de lo anterior, Trump cuenta con aliados como Arabia Saudita y sus socios del Golfo para compensar el abasto petrolero a causa de la reducción esperada en las exportaciones iraníes. Esa es solo una parte de lo que explica la necesidad que tiene Trump de mantener sanas sus buenas relaciones con la monarquía saudí, lo que nos lleva al punto siguiente.
     
  5. Factor Khashoggi y factor electoral. Las sanciones petroleras llegan de manera muy oportuna para que Trump consiga cambiar la conversación justo en este momento en que los estadounidenses se disponen a votar. Hace solo unos días, los mismos fundamentos de su política exterior estaban siendo cuestionados no solo por la prensa o por la oposición, sino incluso por prominentes figuras republicanas. Abundaban los análisis y declaraciones críticas ante la cercanía del presidente y su yerno con el príncipe heredero saudí, Mohammad Bin Salman, señalado por varias agencias de inteligencia como responsable del cruel asesinato del periodista Khashoggi en el consulado de Riad en Estambul. La narrativa giraba en torno a la tibieza y ambigüedad con la que había respondido Trump y la necesidad de sancionar a Arabia Saudita y limitar sus relaciones con ese país, algo que, dado lo que describo en este texto, resulta poco probable que pueda ocurrir. Washington necesita a Riad, no solo en lo económico sino también en lo geopolítico, para que su política anti-iraní tenga la efectividad que pretende. Por tanto, el cambio de foco de atención hacia el “verdadero enemigo”—Irán—permite al presidente entrar en una especie de fase de “perdón y olvido” para con Bin Salman, y reorientar la narrativa en términos de la eficacia de su política exterior. El haber abandonado “uno de los peores acuerdos jamás firmados” y el someter a Teherán bajo el yugo de sanciones que buena parte del planeta deberá cumplir, es una prueba más de la “efectividad de su máxima presión”, un discurso muy atractivo para amplias capas del electorado que han reaccionado emocionalmente frente al estado de miedo que Trump ha conseguido posicionar, miedo provocado por riesgos de los que, en esa narrativa, Irán es en parte responsable.
     
  6. Respuestas de Irán. Ya desde hace meses podemos apreciar que, en la medida en que Irán se sienta presionado y en la medida en que las acciones de los otros firmantes del pacto nuclear fracasen para rescatar a la economía iraní, en Teherán, la posición que se fortalece es la de los duros, quienes desde hace tiempo sostenían que negociar con Occidente era completamente inútil. Liderados por las guardias revolucionarias, los actores más conservadores en Irán consideran que el progreso del programa nuclear es un elemento disuasivo esencial para garantizar la seguridad del país, para asegurar el respeto de otras potencias regionales y globales, y, en todo caso, para negociar desde una posición de fuerza. El caso norcoreano es el mejor ejemplo de ello. En principio, Irán conserva amplias capacidades para luchar una guerra de carácter asimétrico contra Estados Unidos, sus aliados, y sus intereses. Así que probablemente, sin provocar que un conflicto de gran escala llegue a estallar, Irán mantendrá su presencia, influencia y actividad en Medio Oriente en países tales como Irak, Yemen, Siria o Líbano, en donde operan milicias armadas, entrenadas y financiadas por Teherán, para golpear de manera directa o indirecta a Washington o a sus aliados. Estas milicias pueden atacar, como ya lo han hecho, desde aeropuertos o embarques petroleros, hasta tropas estadounidenses o de cualquiera de sus aliados. Adicionalmente, las guardias revolucionarias podrían buscar directamente generar problemas en el libre tránsito de petróleo en la zona del Golfo, o incluso enfrascarse en incidentes menores con navíos estadounidenses, todas ellas situaciones que tienen precedentes. Luego, es probable que veamos un incremento en ciberataques iraníes contra EU o sus aliados, ataques contra los que, como se sabe, es muy difícil defenderse. Y claro, al final del camino siempre queda la otra opción hacia la que el sector más conservador en Irán estará empujando: decretar la muerte definitiva del pacto nuclear y reanudar la carrera para armar la bomba atómica, situación que tiene importantes riesgos de detonar un conflicto regional o global, pero que no debe descartarse. Por tanto, ante la activación de esta nueva fase de sanciones, será indispensable ir monitoreando todos estos elementos que menciono.
     
  7. Hay todavía un tema más: El impacto de las nuevas sanciones en la ya golpeada economía iraní podría provocar presiones sociales adicionales en la cúpula gobernante. Ya desde hace tiempo hemos visto que las protestas en las calles de Irán pueden llegar a escalar a grado de convertirse en focos rojos para la gobernabilidad del país. Por consiguiente, este es un elemento adicional a seguir en estos días en que un presidente pragmático como Rouhani tiene que enfrentar los efectos del fracaso de su política de acercamiento hacia Occidente, y en los que las posiciones más duras en Irán podrían ir ganando ventaja.
     

Lo seguiremos comentando en este espacio.
Twitter: @maurimm
 

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