Manolita
Historias de sabor

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Sorpresas… Vindita

06/02/2018
11:43
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2ª. parte
 

… Era la tercera vez que Rosy hablaba de una desgracia en la vida de Vindita, el asunto me intrigaba, más cuando dijo, es que ella era de carácter y a todos los sorprendió.

Cómo olvidar aquel fatídico día, si todo parecía normal en Pueblo Viejo, donde nunca ocurría nada fuera de lo común y los días transcurrían tranquilos, casi eran monótonos.
 


Foto cortesía del gobierno del Estado de Tamaulipas

Había mucho viento y la tolvanera era molesta, la gente prefirió quedarse guardada en su casa, eran contados los que andaban en las calles, aquel Pueblo se convertía en un sitio polvoriento, a los carros y a las casas se les juntaba el polvo y había que limpiar los vidrios con mucho cuidado.

En fin, que la tía Vindita prefería estar ante el fogón de la casa antes de salir a llenarse de polvo, hizo algunas conservas de chiles y otras de frutas, era la mera temporada donde había que empezar a guardar víveres en la despensa para la temporada más difícil del año; en esas andaba cuando llamaron a la puerta con mucha insistencia ¿Quién toca con tanta fuerza y con este clima?, preguntó al entreabrir la puerta del zaguán, del otro lado de la puerta una voz desesperada pidiendo a la partera ayuda.

Es mi mujer, dijo la voz, se ha puesto requeté mal, parece que el niño se ha adelantado y la pobre no deja de gritar y llorar; sin pensarlo la tía tomo sus instrumentos, se tapó bien la cabeza y la cara con el rebozo y salió de la casa a toda prisa a prestar la ayuda necesaria para salvar a la mujer y al niño, cuando esas cosas sucedían ella se transformaba, toda su energía se dirigía a curar a sus pacientitos.

Tras muchas horas de lucha finalmente la famosa Vindita acomodó al niño y lo trajo con bien al mundo, la madre estaba sana y reanimada con el caldo de gallina que preparó la partera mientras se solucionaba el complicado parto. Como cosa extraordinaria la tolvanera ceso, fue entonces que la vida cambio para aquella familia.

Una vez terminado el trabajo en casa de la parturienta, Vindita se refresco, se acercó a la puerta y sin temor la abrió, no había más viento. Tomó una gran bocanada de aire, miro el cielo azul, mientras el sol la abrazaba, que durante varios días parecía apagado con tanto polvo; frente aquella casa la curandera reconoció el coche de Nachito, su marido; su corazón se llenó de felicidad ¡Que detalle! Dijo con voz fuerte, mi Nachito vino por mí.

Lo busco y lo llamo varias veces, Nacho, Nacho, estoy de este lado de la calle, pues donde andas buscando, si deje dicho que venía a casa de Doña Florinda, la esposa de Don Silvestre, Nacho, Nacho, volvió a gritar, nadie respondió al llamado, y su sonrisa desapareció.

Entro nuevamente a la casa para dar las últimas instrucciones a la recién parida, pero estaba molesta, no entendía que había pasado con su marido, fue entonces que Florinda pregunto ¿A quién busca, Vindita? A quién ha de ser mujer, respondió un poco alterada, a mi marido, ahí está su camioneta y no me responde.
 


Foto cortesía del gobierno del Estado de Tamaulipas

A que Doña Vindita, respondió don Silvestre, esa camioneta llegó hace horas ahí, y pasa mucho tiempo aquí, no creo que sea de su marido, se está confundiendo usted, que confundiendo ni que nada, respondió, esa es la camioneta de Nachito, entonces la mujer decidida salió y cruzo la calle.

Llamó a la puerta de aquella casa y pregunto por Nachito, le respondieron que estaba haciendo la siesta, pero que le llamarían a su esposa, sin más la tía salió de ahí; bien sabía que en la caja de la camioneta Nachito cargaba un bote con gasolina, lo sacó y como sí no ocurriera nada, con toda tranquilidad la abrió y la roció en aquella casa, no le dio tiempo a nadie de detenerla, saco de su mandil unos cerillos y los arrojo. El fuego se esparció de inmediato.

Así empezó la corredera, la tía Vindita, solo observaba como se iba quemando todo, la gente salió corriendo y entre ellos se encontraba el famoso tío Nachito, que no dejaba de toser por tanto humo, apenas si alcanzaron a intercambiar algunas miradas.

Niños, mujer y servidumbre, a Dios gracias alanzaron a salir. La tía tomo sus cosas y emprendió el regreso a casa, no pasaron muchas horas cuando la policía llegó por ella, así quedó recluida varios años en la cárcel, donde por cierto se instaló un pequeño hospital que ella misma atendía.

La tía Vindita con el tiempo salió del encierro y como si se hubiera detenido el tiempo en el pueblo se dedicó de nuevo a sus pacientitos. Hoy ha cumplido 96 años y la tía de vez en cuando ayuda a bien parir a algunas que no quieren ir al hospital.

Apasionada de México y su cultura, estudió Sociología en la UNAM, se ha dedicado por más de 15 años a difundir y promover los atractivos turísticos, culturales e históricos de nuestro país a través...
 

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