La OEA , con pocas alternativas

El Universal

Lunes 06 de julio de 2009

La decisión del organismo regional de suspender al gobierno hondureño de facto podría avivar la crisis

WASHINGTON (DPA).— La contundente decisión de la Organización de Estados Americanos (OEA) de “suspender” al gobierno golpista de Honduras agota por el momento las medidas previstas por el organismo ante una “ruptura del orden democrático” en uno de sus miembros, sin que con ello se avizore una solución a la profunda incertidumbre que vive el país centroamericano. Más aún con el fallido retorno del derrocado presidente Manuel Zelaya a Honduras.

La Asamblea General extraordinaria del organismo adoptó en Washington la histórica resolución de suspender a Honduras ante la rotunda negativa del gobierno de facto a restablecer en el poder al presidente constitucional, un gesto inédito en el sistema interamericano desde que en 1962 tomó la misma medida —aunque por razones muy distintas— contra Cuba.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, consideró “más que suficiente” la presión que implica la suspensión del gobierno de facto hondureño.

“Creo que es más que suficiente, un país que queda sin acceso a cantidad de líneas de crédito y de posibilidades, que queda sin cooperación de una cantidad de países, es ciertamente un daño bastante grande para un país como Honduras, el tercero más pobre de América Latina”, dijo a periodistas en el marco de las negociaciones del organismo en Washington.

Procedimientos inciertos

Sin embargo, la decisión podría incluso echar más leña al ya avivado fuego hondureño, en vista de las reacciones del gobierno de facto de Roberto Micheletti.

Al ser la primera vez que un país es suspendido de la OEA conforme a la Carta Democrática Interamericana, firmada en 2001, no están tan claros los procedimientos que seguirán al contundente gesto.

El invocado artículo 21 de la citada carta democrática indica que una vez suspendido un gobierno, la organización americana deberá “mantener sus gestiones diplomáticas para el restablecimiento de la democracia en el Estado miembro afectado”.

Algo nada fácil teniendo en cuenta que, por una parte, la OEA rechaza cualquier contacto directo con un gobierno de facto al que no reconoce y que califica de “golpista”.

Además, el ejecutivo de Roberto Micheletti había anunciado pocas horas antes de la decisión de la organización la retirada de Honduras del organismo, si bien el sistema interamericano hizo oídos sordos al desconocer al actual ejecutivo de Tegucigalpa como un interlocutor válido.

Quieren vías creativas

De hecho, la canciller mexicana, Patricia Espinosa, concedió que el anuncio de Micheletti “estaría limitando las posibilidades de que la organización influya en el curso futuro a seguir” en Honduras, dijo a periodistas al inicio del encuentro en Washington.

Y el ministro de Estado para las Américas de Canadá, Peter Kent, advirtió durante las negociaciones previas a la resolución sancionadora que la mera suspensión “no será suficiente para devolver el orden democrático” a la nación hondureña.

Por ello, durante las discusiones de la OEA realizadas el sábado, Kent llamó a buscar “vías creativas” para “incorporar a los actores relevantes” de la crisis en una salida al “actual impasse”.

Sin embargo, no explicó en qué podrían consistir dichos caminos alternativos, dificultados además por la tremenda polarización de la sociedad y las instituciones hondureñas. Una polarización que corrió el riesgo de exacerbarse todavía más ante la mera posibilidad de que Manuel Zelaya regresara a Tegucigalpa, donde incluso la influyente Iglesia católica se había pronunciado, pidiendo al depuesto mandatario que no cumpliera con sus planes de regresar al país para evitar un “baño de sangre”.

Un posible nuevo paso podría ser la elevación del conflicto hondureño ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cuya Asamblea General ya condenó la semana pasada de forma contundente el golpe de Estado en el país centroamericano.



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