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| Marines de EU buscan recuperar valle afgano |
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Carlotta Gall The New York Times
El Universal Viernes 03 de julio de 2009 |
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En algunas partes del sur de Afganistán, la animadversión hacia las tropas extranjeras ha llevado a una verdadera revuelta popular, dificultando el trabajo a las fuerzas estadounidenses, que buscan revertir los golpes que ha sufrido de parte del Talibán y, a la vez, ganarse la voluntad de los lugareños
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LASHKAR GAH, Afganistán.— En algunas partes del sur de Afganistán, la animadversión hacia las tropas extranjeras ha llevado a una verdadera revuelta popular, dificultando el trabajo a las fuerzas estadounidenses, que buscan revertir los golpes que ha sufrido de parte del Talibán y, a la vez, ganarse la voluntad de los lugareños.
Los pobladores de algunos distritos se han levantado en armas contra los soldados extranjeros, ya sea para proteger sus casas o furiosos por haber perdido a familiares durante ataques aéreos, según señalaron representantes comunitarios. Otros se han unido a las filas del Talibán por la influencia que éste ejerce o para salir de la pobreza. Ayer por la mañana, 4 mil infantes de Marina de EU iniciaron una gran ofensiva, en un intento por recuperar la región y arrebatársela a la insurgencia talibán. Los marines son parte de un despliegue adicional de tropas ordenado por el nuevo comandante de EU en Afganistán, general Stanley A. McChrystal, con la idea no sólo de acabar con los combatientes talibanes, sino de proteger a la población. Escasa resistencia Los marines encontraron escasa resistencia en esta primera jornada de la llamada Operación Khanjar o Ataque de la Espada, para capturar casi todo el valle bajo del río Helmand, bastión talibán, y la región con mayor producción de opio del mundo, aunque un soldado resultó muerto y varios más quedaron heridos. Lo cierto es que el control que ejerce el Talibán en provincias como Kandahar y Helmand es tan amplio que recuperar distritos conllevará duras batallas y podría agravar la tensión en la zona. Cabe señalar que el gobierno no tiene presencia en cinco de los 13 distritos de Helmand y en otros sólo controla la capital. La influencia del Talibán es tan fuerte en las zonas rurales que gran parte de la población local ha aceptado su mandato. Civiles entrevistados a finales de junio dijeron que preferían quedarse bajo el mando talibán y se quejaron de los ataques emprendidos por las fuerzas extranjeras. “A los musulmanes no nos agradan. Son fuente de peligro”, dijo Hajji Taj Mohammed, un lugareño cuya casa, en Marja, al oeste de esta capital provincial, fue bombardeada hace dos meses. En muchos lugares, la gente no ha sentido la presencia del gobierno afgano, o de las fuerzas extranjeras, excepto por la violencia; en cambio, conocen a los talibanes. “La gente es rehén del Talibán, pero considera a las fuerzas de la coalición como el enemigo, porque nada bueno ha visto de ellos en siete u ocho años”, dijo Hajji Abdul Ahad Helmandwal, consejero de distrito en Nadali, en la provincia de Helmand.
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