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| Los partidos salen fortalecidos |
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JANA BERIS • CORRESPONSAL
El Universal Martes 13 de enero de 2009 |
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JERUSALÉN.— Al haber entrado la ofensiva militar israelí contra Hamas en la Franja de Gaza en su tercera semana, está claro que los combates han influido las preferencias de la ciu-dadanía de cara a las elecciones, pero sin provocar cambios dramáticos o vuelcos inesperados. El Likud de Benjamin Netanyahu continúa en general a la cabeza, a veces a la par del partido Kadima hoy en el poder, encabezado por la canciller Tzipi Livni.
La mayor incidencia del operativo se siente en la posición del Partido Laborista, al haber mejorado la imagen pública de su jefe, Ehud Barak, que se desempeña como ministro de Defensa.
La diferencia es notoria especialmente en el caso de Barak ya que su imagen estaba tan deteriorada y la posición del partido en las encuestas eran tan mala, que registrar ahora un aumento de 11 a 16 escaños (según una encuesta del diario Haaretz), constituye un gran salto.
Eso no quita, sin embargo, que Netanyahu siga en posición mucho más ventajosa que la del laborismo. La subida del Likud es de 27 escaños a 29, según un sondeo de hace unos días llevado a cabo por el Instituto de Investigación Smith para el matutino The Jerusalem Post. La diferencia con el laborismo continúa siendo importante y nada hace pensar ahora que Barak logre reducirla a un mínimo irrelevante en el momento de ir a las urnas.
Lo que sí es significativo en términos de eventuales resultados finales en el momento de tener que armar una coalición que reciba la confianza de la mayor parte del Parlamento israelí (Kneset), es que ahora quedan prácticamente empatados los dos bloques, derecha e izquierda. Eso, tomando en cuenta que algunos de los partidos —como por ejemplo Gil de los jubilados— se estima que perderán mucho peso pero que pueden en principio ser tomados en cuenta como socios potenciales, en cualquiera de los dos lados.
La guerra parece no incidir demasiado sobre el gobernante partido Kadima. Algunas encuestas le dan menos votos que antes del operativo, otros le vaticinan un alza de uno o dos mandatos y la mayoría habla de una situación bastante estable.
“Barak ha vuelto a sus mejores días”, es uno de los comentarios más oídos. El jefe laborista y titular de Defensa, que fue comandante en jefe del Ejército, oficial de una unidad élite y estuvo durante años acompañado de una aureola de heroísmo por su desempeño militar, perdió gran parte de ello al entrar en la política. Sus años como primer ministro —aunque tuvo el gran logro de sacar al ejército israelí del sur del Líbano en mayo del 2000— también dejaron un sabor muy amargo para muchos.
Pero la forma en que está conduciendo la guerra, la determinación que ha mostrado , levantaron su imagen, asociándola nuevamente a aquel prestigio del que gozaba en el pasado.
De ahora en adelante —y ya falta sólo un mes para las elecciones— mucho dependerá de la continuación del operativo en el terreno, de la percepción que tenga la población de las circunstancias en las que se le ponga fin (con los objetivos logrados o no) y del eventual precio que tenga que pagar Israel en términos de más bajas. Aquí, la caída de soldados en el campo de batalla es algo sumamente delicado, de gran peso en la opinión pública israelí. Se le podrá “soportar” en el plano interno, únicamente si el resultado del operativo es categórico en lo que se refiere al fin de la amenaza de los misiles disparados desde el sur.
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