Tres horas para revelar la tragedia
Saud Abu Ramadán EFE
El Universal

Viernes 09 de enero de 2009

Es el tiempo que, cada día, se suspenden las agresiones. En ese lapso, el dolor sale a la luz

GAZA.— El silencio que deja en Gaza el parón de los bombardeos israelíes durante tres exiguas horas diarias se llena con trágicas historias de cadáveres hallados entre los escombros y familias desesperadas por conseguir una manta, ropa o comida.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC) ha dado a conocer estos relatos y critica al Ejército israelí por impedir que su personal traslade a heridos y muertos, una política que ha hecho que varios palestinos murieran desangrados a consecuencia de sus heridas mientras esperaban en vano la llegada de una ambulancia.

El CIRC relata, por ejemplo, que varios heridos murieron al incendiarse la casa en la que se encontraban en el barrio de Zeitún, en el sureste de Gaza capital. Los servicios de emergencia “encontraron cuatro niños pequeños junto a sus madres muertas en una de las casas. Estaban demasiado débiles para mantenerse de pie. También fue hallado con vida otro hombre. En total había 12 cadáveres tumbados en colchones”, dice el Comité, que es la mayor organización de ayuda en casos de conflicto, junto con Naciones Unidas.

El personal humanitario descubre este tipo de situaciones entre las 13:00 y las 16:00, hora local, en el breve plazo en que, desde el miércoles, el Ejército israelí detiene sus ataques para permitir el aprovisionamiento de la población gracias a lo que denomina un “corredor humanitario”.

Una concesión que indigna a John Ging, responsable en Gaza del programa de auxilio a los refugiados palestinos (UNRWA), y que ayer suspendió sus actividades tras ser blanco de los ataques israelíes. “No hay que dejarse distraer por esa bonita palabra de ‘corredor’ y las bellas imágenes de convoyes. Las cosas no funcionan así. Los soldados israelíes detienen sus operaciones durante tres horas. Eso es todo. Nada más”, indicó en una entrevista al diario Le Monde.

A Ahmad Daher también le parece poco tiempo, mientras espera frente a una panadería para poder alimentar a los seis miembros de su familia. “Tengo miedo y además no voy a poder comprar el pan porque la cola es larga y estoy seguro de que la panadería no puede responder a la demanda de todo el mundo”, lamenta.

Este año, el frío se siente más que nunca por la falta de electricidad y gas para alimentar radiadores y las ventanas rotas en casas y hospitales, en algunos casos a propósito para evitar que alguien resulte herido si estallan en un bombardeo. Las madres rompen sus abrigos y los usan como pañales para sus hijos. Nadie sale a la calle en Gaza durante el día por miedo a los bombardeos. Todo es miedo...



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