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| Retratos Nicolás Sarkozy. Presidente de Francia |
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José Carreño Figueras
El Universal Miércoles 03 de diciembre de 2008 |
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La Francia “de después”
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política@eluniversal.com.mx Una biografía extraoficial del presidente francés, Nicolas Sarkozy, le atribuye haber dicho que “lo que me ha hecho lo que soy ahora es la suma de todas las humillaciones durante mi niñez”.
Correcta o no, pero nunca desmentida por un hombre más que consciente. Q uisquilloso respecto a su imagen, la cita refleja a un personaje que enfiló sus frustraciones hacia la consecución y ejercicio del poder.
De relativamente baja estatura —alrededor de 1.63 metros, aunque usa zapatos con tacones “elevadores”—, con 53 años de edad, Sarko, como es conocido, fue el segundo de tres hijos del matrimonio de un inmigrante de la pequeña nobleza húngara enlistado en la Legión Extranjera para lograr su ciudadanía, y la hija de un acomodado médico francés sefardita convertido al catolicismo. Las humillaciones que habría sufrido serían el abandono de su padre y el haber crecido como simple muchacho acomodado en un barrio y escuelas de gente rica.
Años después sufriría una humillación pública espectacular, cuando recién electo presidente de Francia enfrentó, a fines de 2007, el escándalo por el abandono de su segunda esposa, Cecilia Ciganer-Albéniz, y un divorcio que lo hicieron una figura tan pública como política. Y al mismo tiempo, escándalos paralelos por su afición a la buena vida y a exhibir relojes caros que le valieron el sobrenombre de presidente bling bling, como las estrellas del rap estadounidense, y una creciente reputación por su supuesta hipersensibilidad y hasta vengatividad.
Su imagen, hasta entonces de dureza como Ministro de Seguridad, y de ambición controlada como político, estaba por los suelos. Hoy, sin embargo, carga el crédito de su formidable trabajo para coordinar los planes de emergencia económica de la Unión Europea; lleva un muy ruidoso matrimonio con la supermodelo y cantante italiana Carla Bruni, y es considerado como uno de los hombres más elegantes del mundo.
Sarkozy es, en todo caso, un político de esta época, de la era de las “revistas del corazón” y las superestrellas de la red. Pero es también el presidente francés que apoyado por la derecha nacionalista es considerado el más proestadounidense de Europa, el mandatario conservador que se proclama abanderado del cambio y promotor de la ley y el orden.
Complejo y contradictorio, Sarkozy es el jefe de una coalición que incluye al partido heredero de la tradición nacionalista de Charles de Gaulle, pero no es exactamente gaullista. Que algunos digan que su relampagueante cortejo a Bruni fue para compensar el abandono de Ciganer-Albéniz; que se le considere como antiinmigrante y de “mano dura”; que se le acuse de haber “ordenado” el despido de un director de un semanario que lo criticó, o haber empujado a los editores de la revista Paris Match a “retocar” sus fotos en traje de baño para que no salieran sus llantitas... Sarkozy parece encogerse de hombros y seguir adelante, sin pensar en los que deja atrás.
Videos de sus exabruptos contra personas que le dicen algo o le hacen algún reclamo alcanzan millones de visitas en YouTube, pero sus paseos en la playa con Carla Bruni son preciados para las publicaciones gráficas. Su intento más reciente de abrumar a un adversario fue la demanda contra el productor de un muñeco de vudú con su imagen, que un juez de apelaciones consideró como una cuestión de libertad de expresión.
Sarkozy tiene fama de haber hecho su carrera mediante frío cálculo y ambición desmedida. Se vinculó con Jacques Chirac y lo traicionó cuando le convino; trata de manipular a los medios, y aunque oficialmente se niega, The New York Times asegura que sus intentos de amedrentar a la prensa “son públicos y abiertos”.
La fotografía favorita de los adversarios de Sarkozy es una que muestra una larga línea de policías antimotines al frente del cuartel de su partido, la Unión por un Movimiento Popular. En el edificio, y visible por encima de los gendarmes, el lema de campaña de Sarkozy: “Imaginemos la Francia de Después”.
Algunos preferirían no hacerlo. |
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