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| El nuevo rostro de la nación |
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J. JAIME HERNÁNDEZ • CORRESPONSAL
El Universal Miércoles 05 de noviembre de 2008 |
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Con su victoria en las urnas, el senador de Illinois también ha roto las barreras ideológicas para unir a EU y rescatarlo de las ruinas que dejó Bush
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WASHINGTON.— El 10 de febrero de 2007, cuando Barack Obama formalizó su candidatura a los pies del viejo Capitolio de piedra de Springfield, Illinois, se propuso no sólo desafiar las rachas de viento de un frío invierno, sino echarle un pulso a la historia de un país que hace apenas un siglo y medio se levantaba de los escombros de una guerra civil y abolía la esclavitud.
Hoy, el veredicto de las urnas le ha dado la razón y la victoria. Y su hazaña ha demostrado que Estados Unidos no sólo ha sido capaz de traspasar la frontera racial, sino que se ha rendido ante el político más sagaz y dotado para sortear una encrucijada histórica sin precedentes desde los años de la Gran Depresión, con dos guerras inconclusas en Irak y Afganistán y con una economía que se contrae como un corazón enfermo. La odisea personal de Obama, que a sus 47 años, se ha convertido en el primer presidente negro electo de Estados Unidos, ha sido posible a pesar de que su biografía y trayectoria no se apegan al tradicional historial del héroe americano. Y que, en muchos sentidos, se yuxtapone a la imagen y leyendas de George Washington o Abrahm Lincoln, que sí figuran en los billetes de dólar y han predominado en los libros oficiales de historia desde que Estados Unidos nació como nación libre y soberana el 4 de julio de 1776. Cuando el ex presidente Bill Clinton introdujo la semana pasada a Obama, ante una multitud multirracial en los suburbios de Orlando, en Florida, sus palabras no sólo confirmaron el cambio que ha llegado de la mano del candidato demócrata, sino que se convertirían en una suerte de epifanía. “Parece que en medio de esta multitud me encuentro en franca minoría. Ustedes son el nuevo rostro de la nación y Obama es el futuro de Estados Unidos”, aseguró Clinton mientras anunciaba el inicio de una era que se había gestado a lo largo de 20 meses de intensa campaña, cuando las posibilidades de Obama de alcanzar la Presidencia, eran una entre un millón. La historia y triunfo de Obama ha sido la del factor inesperado en un mundo complejo. Una complejidad que, posiblemente, es hoy la característica más importante y que cada vez tienen cada vez más en común todos los estadounidenses, como consecuencia de una nueva realidad diversa y multirracial. En ese contexto, Obama ha sido el político capaz de ir a contracorriente del determinismo de una sociedad puritana y conservadora, que le ha mirado con curiosidad y recelo desde los años en que paseaba de la mano de su abuela blanca, Madelyn Dunham, en el condominio de apartamentos de Honolulú (Hawai), donde pasó gran parte de su adolescencia, alejado de su madre Anne, con la que partió de niño hacia Indonesia, para retornar más tarde al regazo de su abuela que lo convirtió en el hombre que es hoy. Hoy, algunos de sus amigos más cercanos como David Axelrod, su director de campaña, asegura que Obama no sólo ha sido capaz de romper las barreras raciales, sino también las ideológicas para unir al país y rescatarlo del descrédito internacional y de las ruinas que han dejado tras de sí los ocho años de la administración de George W. Bush.
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