“¿Y por esto suspendieron la novela?”
Wilbert Torre Corresponsal
El Universal

Miércoles 08 de octubre de 2008



WASHINGTON.— El centenar de washingtonianos que abarrotaban anoche el Ventnor Sports Café devoraron al final una charola rebosante de gelatinas de fresa. Era casi medianoche y necesitaban azúcar para quitarse de encima la inevitable sensación de sopor que dejó en todos el segundo debate entre John McCain y Barack Obama. “¿Y por esto suspendieron la novela?”, protestó ofendida Rebeca, una latina que no se quedó en casa a ver el debate.

De una pared color sangre colgaba la única escena de batalla que fue posible avistar anoche en ese bar: un amarillo y viejo anuncio de la pelea de Muhammad Ali contra Ken quiebra quijadas Norton. Tal vez sea culpa de una campaña electoral tan larga o del extraño formato del debate con estilo de foro ciudadano, pero ayer los asistentes a la transmisión del duelo en el Ventnor Café, ubicado en el corazón de Adams Morgan, ese cuadrángulo de bares y restaurantes que se mantiene latiendo hasta el amanecer, parecían a punto de caer víctimas de un ataque de tedio.

Esperaban algo más: un gancho al hígado de McCain, que se vio un poco mejor sin impresionar, o un volado de Obama, que lució lento, o cuando menos una buena combinación de izquierdas y derechas a la mandíbula. Pero los golpes nunca llegaron y tuvieron que consolarse con andanadas de martinis, cervezas a medio precio y margaritas de colores.

Las fiestas para observar los debates presidenciales son una vieja tradición en la capital de Estados Unidos. Las familias convocan a reuniones en sus casas para beber cervezas mientras observan a los candidatos clavarse banderillas políticas y cientos de cafés, bares y restaurantes suspenden la transmisión de los juegos de beisbol y basquetbol para exhibir los pulsos verbales entre los candidatos a la Presidencia de EU.

Pero ayer el debate aburrió a casi todos y algunos de los asistentes al Ventnor Café estaban ofuscados porque el dueño había decidido transmitir la discusión de los candidatos desde los ocho monitores del bar y dejar uno solo para ver el desarrollo del juego entre los Wizards de Washington y los Mavericks de Dallas.

El final del debate no fue recibido con aplausos de los demócratas y republicanos que llenaban el bar. Las opiniones de los espectadores en el bar de Adams Morgan apuntaban a un gris empate técnico que, a falta de golpes políticos, fue digerido a latigazos de tequila y martinis clásicos.



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