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| Una revolución de gente en marcha |
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Wilbert TorreEnviado
El Universal Viernes 29 de agosto de 2008 |
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Un ejército de voluntarios esperanzados atiborró el estadio de los Broncos para presenciar el ‘sí’ de su candidato
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DENVER, Colorado.— El estadio Invesco de Denver, una mole de concreto parecida a la proa de un enorme crucero, está repleto de los responsables del meteórico ascenso de Barack Obama. No se trata de la cúpula del Partido Demócrata, ni de los miembros de las dinastías políticas del país. Visten camisetas en todos los colores posibles y llegaron para asistir al discurso de aceptación de su candidato. Uno de ellos, Joe Vignola, manejó durante veinticinco horas su automóvil desde Boston. Son lo que David Plouffe, jefe de la campaña, ha llamado “ejército de persuasión” de Obama: los miles de voluntarios que durante un año hicieron llamadas telefónicas y tocaron millones de puertas para dar a conocer el mensaje de cambio del senador por Illinois. El ejército de voluntarios trabaja sin recibir un solo dólar. Si el partido les pagara, estaría en la quiebra: son más de un millón y pronto serán tres millones, uno en cada 100 estadounidenses. Después de una larga travesía, los miles de voluntarios fueron al fin recompensados: obtuvieron boletos preferenciales para atestiguar la coronación de su candidato. Ahora caminan por los pasillos del estadio con sus camisetas tapizadas por afiches de Obama, igual que veteranos luciendo sus medallas de guerra. En el palco 132 está sentada Jenna Kubecka, una rubia de ojos grises. Es la materialización de lo que todos en el equipo de campaña llaman “el movimiento”, una base social inédita en la historia política de Estados Unidos, organizada en ciudades grandes y pequeñas, en condados y barrios, en cada rincón del país, alrededor de Obama. “Pasé el verano trabajando doce horas diarias como voluntaria, pero valió la pena”, cuenta Jenna Kubecka. En el escenario, Martin Luther King III dice que la nominación de Obama es la realización del sueño que imaginó su padre. Son las cinco de la tarde y el estadio es una olla de presión de 80 mil almas. Unos minutos más tarde Stevie Wonder sube al escenario y sacude la cabeza mientras la gente en las gradas corea “Signed, sealed, delivered, I´m yours”. En el aire caliente de Denver ondean miles de banderitas de Estados Unidos. Hay chicas con camisetas que dicen “mama Obama”, negros muy viejos de traje y sombrero y rubios en bermudas y sandalias. Cuauhtémoc Figueroa es el jefe para el voto latino de Obama y fue él quien se encargó de preparar a los voluntarios. Tiene una certeza: “cuando Obama sea presidente toda esta gente se organizará y cuando el Congreso se oponga a una nueva reforma migratoria, estos ejércitos marcharán para exigir al Congreso aprobar reformas. Será una gran revolución de la gente”.
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