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| Ex obispo será nuevo presidente |
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José Vales
El Universal Lunes 21 de abril de 2008 |
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Paraguay vive cambio histórico al ganar la izquierda Gobierno y oponentes reconocen el triunfo de Fernando Lugo
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ASUNCIÓN.— “Gobernará de la mano de Dios”, dicen, pero fue la mano de ellos, de más de un millón de paraguayos la que puso fin ayer a una dinastía política de 61 años. El ex obispo Fernando Lugo, de 56 años, se convirtió ayer en el primer presidente opositor en seis décadas, desatando la algarabía popular en todo el país, que asiste a un verdadero cambio de época. El último partido de Estado, después de la caída del PRI mexicano llegó a su fin en una elección, que lejos de los pronósticos, transcurrió con normalidad. La Alianza Patriótica por el Cambio (APC), que aglutina a más de 30 agrupaciones y partidos políticos, con el ex obispo a la cabeza, obtuvo 40.7% de los votos, contra 30.9% de Blanca Ovelar, del Partido Colorado, mientras que Lino Oviedo, de UNACE, obtuvo 21.8%. “Convocamos a todos. Sin rencores hacia nadie. Incluso a los que no me votaron a trabajar por un nuevo país, para que el Paraguay sea reconocido no por la corrupción sino por su honestidad”, dijo Lugo en sus primeras palabras como presidente electo. La histórica jornada había arrancado con el temor a experimentar irregularidades, enfrentamientos y disturbios, pero concluyó con una verdadera fiesta popular, que en Asunción inundó las inmediaciones de la Plaza Congreso y el Panteón de los Héroes, donde al ritmo de “Lugo tiene corazón” y “Se acabó, se acabó...”, los paraguayos bailaban sobre las cenizas de un régimen partidario que se había iniciado en 1947 y que fue pasando por diferentes etapas. Desde la dictatorial con Stroessner (1954-1989) a la neoliberal con Juan Carlos Wasmosy (1993-1998). “Lugo presidente, se siente, se siente... No dejemos de festejar”, arengaba un joven enfundado de azul, el color de la Alianza, en la avenida Astigarríbia, cuando las calles estaban atestadas de manifestantes poniendo alegría y lágrimas de emoción al momento histórico. Sólo algunos incidentes menores antecedieron a las declaraciones del ex vicepresidente Luis Castiglioni, que vaticinaban lo que iba a ocurrir en la noche. “El partido padece una infección grave. Y a partir de mañana, Vanguardia Colorada, será el oficialismo en el partido y liderará la transformación”, acusó Castiglioni. Ese era le primer síntoma de que “la maquinaria roja” (el aparato colorado) no había funcionado como lo había hecho históricamente. Al hartazgo ante un modelo de hacer política, los altos niveles de pobreza (42% y 24% en extrema pobreza), la corrupción y la carencia de justicia, se sumó la pésima imagen del presidente Nicanor Duarte, quien terminó liderando la campaña de su delfín, Ovelar. El golpe electoral sufrido por los colorados fue tal, que todos sus dirigentes se sumieron anoche en un cruce de reproches, luego de que una Ovelar emocionada, reconociera la victoria de Lugo. “Somos demócratas. El resultado es irreversible y reconocemos el triunfo de Fernando Lugo a quien saludamos”, dijo la candidata oficialista. El presidente Duarte —sobre el que recaen todas las acusaciones por la derrota— imitó esa actitud minutos más tarde, cuando en un mensaje al país resaltó “el ejemplo cívico” de los paraguayos. “Colaboraré activamente para que el traspaso del poder conforme a la Constitución, se realice en un maro pacífico de entendimiento”, agregó y enfatizó que por primera vez se producirá “un traspaso de un partido a otro sin derramamiento de sangre, sin golpe de estado, sin revuelta ni enfrentamiento entre hermanos”. Sacerdote y ex obispo ligado a la Teología de la Liberación, vinculado, a su pesar, a la corriente de Hugo Chávez, Lugo advirtió ayer que “estaremos abiertos para construir la integración real de la región, del continente y el mundo”. La incógnita ahora, es saber cómo hará Lugo para coexistir con las variopintas fuerzas que lo acompañarán a partir del 15 de agosto. Pero esa es materia de preocupación para los próximos días. Ahora, aquí como en varias capitales del mundo, los paraguayos sólo piensan en festejar el cambio que hasta ayer parecía imposible. El carnaval que se había desatado en las calles estaba más que justificado. El reino colorado había muerto y hasta ese Dios, el que todos dicen aquí que le dará una mano Lugo, se empecinaba en hablar en guaraní.
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