Spitzer pide perdón y deja gubernatura
Wilbert Torre
El Universal

Jueves 13 de marzo de 2008

Lo sucederá en el cargo el vicegobernador Paterson

WASHINGTON.— Eliot Spitzer renunció ayer al gobierno de Nueva York y puso fin a su carrera política en medio de un espectáculo en Estados Unidos. Ahora se sabe que gastó ochenta mil dólares en citas con prostitutas que se remiten a los tiempos en que era el fiscal implacable. El fiscal que ahora lleva su caso dijo que no habrá clemencia: “No habrá ningún trato” para liberarlo de eventuales cargos.

En Wall Street, donde Spitzer ganó fama de perseguir con saña a varios personajes del mundo financiero, las actividades se paralizaron para escuchar su discurso de despedida.

“Esto es más grande que (Ben) Bernanke (presidente de la Reserva Federal), que el petróleo, incluso que el superbowl”, dijo Brian Taylor, jefe de operaciones de monedas en M&T Bank, de acuerdo con la descripción que Mark McSherry hizo para Reuters. “Todo el mundo está pegado en sus sillas. Nadie hizo tantos enemigos en Wall Street como Spitzer. Wall Street ama esto y no me sorprendería una gran ovación en las mesas de operación cuando se vaya”, añadió Taylor.

Spitzer, de 48 años, casado y padre de tres hijas, fue fiscal de Nueva York y cimentó su reputación investigando crímenes financieros en Wall Street. Ayer, acompañado por su esposa, anunció que el vicegobernador David Paterson lo reemplazará a partir del próximo lunes. Como hizo hace dos días, no se refirió a las acusaciones que pesan en su contra.

Unos minutos antes del mediodía apareció por 40 segundos para leer una carta en la que volvió a pedir disculpas, aunque no dijo por qué: “Lamento no haber estado a la altura de lo que se esperaba de mí”, dijo. Reconoció que cometió errores personales que comenzó a expiar con el apoyo de su esposa y sus hijas. Anunció que se retira de la política.

Todos querían escuchar la despedida del ex fiscal vinculado a un escándalo sexual. Y nadie quería perder la historia de Ashley Youmans, ahora conocida como Ashley Alexandra Dupré, una trigueña de cejas delineadas, nariz en punta y 22 años que será testigo en la investigación contra los implicados en las operaciones de Emperor’s Club VIP, el negocio de prostitución que fue la perdición de Spitzer.

De acuerdo con informes de presonas cercanas al caso, los abogados de Eliot Spitzer intentaban negociar un acuerdo con los fiscales federales para evadir diversos cargos como lavado de dinero y transferencia de fondos de varias cuentas bancarias a una cuenta operada por la banda de prostitución que empleaba a unas 50 chicas.

The New York Post reportó que Spitzer habría gastado 80 mil dólares en citas con prostitutas que se remiten a la época en la que era fiscal general en Nueva York, hace 10 años.

Mientras las autoridades federales investigan los miles de dólares que Spitzer transfirió para pagar prostitutas, el derrumbe del gobernador era seguido con morbo en un espectáculo nacional en el que no había rincón en el que no se hablara de la doble moral del ex fiscal, ni espacio que estuviera a salvo del escándalo.

La agencia EFE dijo que no tuvieron que pasar ni 48 horas para que aparecieran los primeros objetos con alusiones al último escándalo sexual que sacude al país: Café Express, una empresa de venta de objetos personalizados, comenzó a vender camisetas y tazas con leyendas que dicen: “Gobernador Erecto” y “Free-Love-Gov”.

Unos minutos antes del mediodía, Spitzer terminó de leer el discurso más corto de su carrera política. Se echó a la bolsa la hoja de papel y se fue acompañado por su esposa. Por la noche, el rostro del gobernador en desgracia aparecía por todas partes, catapultado por la industria que nunca descansa en este país: el espectáculo de la vida privada de las figuras públicas. ¿Quién se acordaba de Britney Spears? Ahora todo el mundo habla de Spitzer. Hasta que ruede la próxima cabeza.



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