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| El fantasma del fraude |
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José Meléndez
El Universal Lunes 05 de noviembre de 2007 |
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CIUDAD DE GUATEMALA.— ¿Fraude electoral en Guatemala? “No”, responde Claudia García, de 40 años y presidenta de la mesa de votación uno en el Instituto Rafael Aqueche, en el corazón de la capital guatemalteca, poco después de que las urnas fueran abiertas ayer en la mañana para la segunda ronda de los comicios presidenciales de Guatemala entre el ingeniero socialdemócrata Álvaro Colom y el general retirado de derecha Otto Pérez. “No nos vamos a prestar a hacer cosas por las que, a la larga, los que vamos a ser perjudicados somos nosotros mismos”, dice, al advertir, sin titubear, que fraude “es una palabra desterrada del diccionario de los guatemaltecos”. Inquieta por el lento flujo de votantes al Instituto, un centro educativo convertido en junta receptora de votos, y por el marcado abstencionismo, repite: “queremos que todo sea transparente”. Pero los temores sobrevolaron ayer el panorama político guatemalteco, porque la estrecha diferencia entre Pérez y Colom, los dos de 56 años, llevó a los bandos a pelear por cada voto, con desconfianza por la reñida contienda y el riesgo de que si el ganador obtiene solo una mínima distancia sobre su rival, el derrotado desconozca el resultado y sus seguidores se lancen a las calles. Para triunfar se necesita mayoría simple y un voto de ventaja es suficiente para obtener la Presidencia. Pérez, del Partido Patriota (PP), y Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), reafirmaron que aceptarán el resultado del Tribunal Supremo Electoral (TSE), tras semanas de una campaña “sucia” que tampoco cesó ayer y hubo aislados incidentes. Las urnas estuvieron abiertas de las 7:00 a las 18:00 horas con aparente normalidad. “¿Fraude?”, se pregunta el jefe de la Misión de Observadores de la Organización de Estados Americanos, el peruano Diego García-Sayán. “No hay ingredientes para pensar que la voluntad popular será alterada. El compromiso es respetar al TSE”, explica a EL UNIVERSAL. Ante la pregunta, el cardenal guatemalteco Rodolfo Quezada Toruño, arzobispo de Guatemala, contesta a este diario que “es muy difícil sino imposible hacer un fraude”. “¿Fraude? Nunca he pensado en eso”, replica Rosa Leal de Pérez, de 53 años y esposa del general, consultada por este enviado. Y Sandra Torres de Colom, de 48 y esposa del ingeniero, alerta en otra plática que el fraude es una opción, “pues el TSE ha sido muy débil y el proceso poco limpio”. Por eso, cuando la indígena maya Ana María Choc, de 30 años, atiende a la interrogante del fraude, después de votar en esta capital, simplemente arguye que “más de algo siempre pasa. No siempre todo es sincero”.
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