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Guatemala y la muerte como lenguaje electoral
JOSÉ MELÉNDEZ/ENVIADO
El Universal

Viernes 07 de septiembre de 2007

El lenguaje de la violencia electoral en Guatemala es de muerte, con linchamientos públicos, emboscadas a balazos, choques callejeros, ajustes de cuentas, extorsiones secretas, tácticas intimidatorias y feroces represalias

CIUDAD DE GUATEMALA.— El lenguaje de la violencia electoral en Guatemala es de muerte, con linchamientos públicos, emboscadas a balazos, choques callejeros, ajustes de cuentas, extorsiones secretas, tácticas intimidatorias y feroces represalias. A menos de tres días para las elecciones generales del próximo domingo, el escenario guatemalteco es de tirantez y el miedo cunde.

Un recuento del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (INCEP), un ente no gubernamental de esta ciudad, mostró que entre el 2 de marzo de 2006 y el 3 de septiembre de 2007 se registraron 43 asesinatos políticos, ya fueran degollados, estrangulados, apuñalados o abatidos por las balas, aunque también hubo agresiones no mortales, como intentos de secuestro, amenazas o atentados distintos.

Del total de víctimas, 15 eran del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), mientras que el Partido Patriota (PP) y Encuentro por Guatemala —ambos también opositores— y GANA, del oficialismo, sufrieron cinco bajas mortales cada uno.

La exguerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) ha sufrido la muerte de tres de sus miembros, mientras que el Frente Revolucionario Guatemalteco (FRG), del ex dictador derechista Efraím Ríos Montt, contabiliza dos muertos. Las restantes víctimas mortales eran de otros partidos pequeños.

“La población está muy afectada por la violencia y la inseguridad y estaría dispuesta a sacrificar sus expectativas en otros ámbitos a cambio de seguridad”, dijo Francisco García, director de la Unidad de Análisis Político del INCEP, entrevistado por EL UNIVERSAL. “La violencia es de los que rechazan una vida democrática más efectiva”, agregó.

Al preguntarle por qué hay más víctimas de UNE —cuyo aspirante presidencial, Álvaro Colom, es favorito para ganar—, contestó que esa agrupación “no es ni de izquierda, ni revolucionaria ni radical, pero es reformista y está acorde a las necesidades de la población. La lucha no es política, sino económica y hay sectores económicos privados inquietos”.

La respuesta violenta, explicó, “es por el nivel de conservadurismo que existe. Los ataques son ejecutados por civiles, ex militares, contrabandistas, narcotraficantes y demás fuerzas del crimen organizado infiltradas de lleno en aparatos de seguridad del Estado y a los que les asusta que la población se desplace de la derecha al centro”.

Tras recordar que Guatemala “ha vivido una cultura de violencia por el largo conflicto armado”, de 1960 a 1996 y con una secuela de más de 200 mil muertos y desaparecidos, subrayó que “apenas estamos en el tercer proceso electoral desde la firma de la paz, hace menos de 11 años”.

Pese a que Colom se vislumbra como vencedor en los comicios del domingo, las encuestas pronostican que es probable que, sin mayoría necesaria, deba concurrir a una segunda ronda, en noviembre próximo, ante el aspirante que ocupe el segundo puesto. El potencial rival de Colom sería el general retirado Otto Pérez, del derechista PP e impulsor de una política de “mano dura”.

En un país con larga tradición de impunidad de las castas políticas, militares y económicas que por décadas han controlado los hilos del poder, la radiografía de la violencia política oscila en un estrecho límite.

Mientras la Misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos alertó que hay 110 municipios conflictivos, el gobierno guatemalteco adujo que son 60 de “alta conflictividad”.

De los 13 millones de habitantes de este país —más del 50% en la miseria—, cerca de 5.9 millones podrán acudir a las urnas para elegir presidente, vicepresidente, 158 diputados al Congreso unicameral y los miembros de 332 corporaciones municipales. La esperanza, afirmó el alemán Wolfgang Kreissl-Dorfler, jefe de la misión de la Unión Europea, es que los comicios se efectúen con paz “y sin sangre”.



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