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| ¿Canciller ‘gay’ para Alemania? |
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ENRIQUE F. MOLINERO • CORRESPONSAL
El Universal Lunes 13 de agosto de 2007 |
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BERLÍN.— Klaus Wowereit tiene 53 años, es dueño de un carisma arrebatador, ama las fiestas y goza del raro privilegio de ser el primer político de peso en Alemania en haber salido voluntariamente del armario. “Soy maricón y eso está muy bien”, dijo hace ya seis años en la convención que debía aclamarlo como candidato al cargo que actualmente ocupa. Nadie duda que el jefe del gobierno regional de la ciudad-estado de Berlín es uno de los políticos más populares de la república. Tras su reelección, hace un año, el político se convirtió en la estrella emergente de su partido, el viejo SPD (Partido Socialdemócrata alemán). Pero el éxito de Wowi, como llaman con cariño sus admiradores a quien representa la nueva promesa del partido, miembro de esa especie casi en extinción de líderes socialdemócratas capaces de ganar elecciones, además de alargar su permanencia en el cargo otros cinco años, fue algo más. En la noche de su triunfo, el político se presentó ante sus seguidores junto a su compañero sentimental, el neurólogo Jörg Kubicki, a quien, al igual como lo hacen los políticos heterosexuales, abrazó cariñosamente, en una imagen que impactó a la prensa germana. El gesto no fue gratuito. Durante la campaña, su rival democristiano, Friedbert Pflügert, agobiado por las encuestas, intentó ganar votos con una frase maliciosa: “Berlín tiene necesidad de una primera dama”. En la noche del triunfo, Wowereit evitó darle un beso a su novio, pero contestó de manera contundente a su adversario: “Querían una primera dama. Nosotros tenemos a Jörg y eso está muy bien”, recordó al repetir la coletilla utilizada el día que reconoció su homosexualidad. La anécdota no inquietó a la socialdemocracia, tampoco causó preocupación en Berlín, una ciudad con fama de tolerante y centro del movimiento gay germano. Pero la visión de Wowereit y Kubicki abrazados en un escenario político no pasó desapercibida para el poderoso Bild, el periódico más vendido del país, que dedicó una portada al tema. “¿Será Wowi el primer canciller homosexual?”, se preguntó el rotativo. “Muchos de sus amigos en el partido ya lo ven como el sucesor de Angela Merkel”, añadía. Cuando un candidato tiene éxito en las elecciones regionales, la prensa y sus respectivos aliados lo consideran de inmediato predestinado para tareas de mayor envergadura. Y Wowereit repitió hasta la saciedad durante la campaña que, en el caso de una victoria, deseaba ocupar nuevos cargos de responsabilidad en su propio partido y tener algo más qué decir de lo que había dicho en los últimos cinco años. Desde entonces, una interrogante recorre los salones políticos del país ¿Puede un político homosexual en Alemania aspirar a un cargo de alta responsabilidad e incluso llegar a ser canciller? La capital y sus electores ya dieron una respuesta categórica. Los berlineses han aceptado mayoritariamente que su alcalde sea homosexual y que encabece la marcha anual del Christopher Day, la mayor fiesta gay de la ciudad. La posibilidad de que Wowereit se convierta en el candidato de su partido para desafiar a Angela Merkel en 2009 cobró una repentina actualidad hace unos días cuando el prestigioso semanario Der Spiegel publicó el resultado de una encuesta destinada a conocer el nivel de popularidad de los líderes políticos del país. En menos de un año, Wowereit se convirtió en el político socialdemócrata más querido y admirado en todo el país. Pero Wowereit, que a lo largo de sus años al frente del gobierno de Berlín ha repetido infinidad de veces que él no hace política gay, sino que es un homosexual que se dedica a la política, deberá vencer una barrera virtualmente infranqueable. A nivel nacional, los candidatos gays no gozan de mucha popularidad y por eso no es de extrañar que, aparte de él, sólo dos cargos importantes hayan salido del armario: el alcalde de Hamburgo, Ole von Beust, quien nunca menciona en público su inclinación sexual, y Guido Westerwelle, presidente del partido Liberal, quien se deja fotografiar en las fiestas al lado de su compañero sentimental. Aún es pronto para predecir el futuro de Klaus Wowereit y, a pesar de su popularidad, las declaraciones de sus amigos a favor de una hipotética candidatura y de sus propias ambiciones, el alcalde de Berlín deberá vencer un primer gran obstáculo este año si desea seguir soñando con desafiar a Angela Merkel: ser elegido vicepresidente del SPD en un Congreso del partido que tendrá lugar durante el mes de noviembre.
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