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| Israelíes no se hacen demasiadas ilusiones |
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Jana Beris
El Universal Martes 15 de agosto de 2006 Internacional, página 3 |
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HAIFA, Israel.- En las calles del norte de Israel se captaba ayer más movimiento que la ya rutinaria anormalidad de los últimos 34 días. Pero no había euforia ni grandes celebraciones. La gente todavía tiene miedo de confiar. Casi todos aquellos israelíes a los que se acercó EL UNIVERSAL, temen que el alto el fuego iniciado ayer a las ocho de la mañana hora local, sea un mero intervalo antes del gran estallido. Se animaron a salir ayer un poco más y la gente comentaba que salía del refugio, a bañarse, "al fin, en mi ducha". Algunos todavía no osaban sacar la cabeza. Es que después de los misiles lanzados por Hezbolá desde Líbano a territorio israelí, nadie aquí quiere arriesgarse demasiado. El resumen del lado israelí es claro: en los 34 días de guerra contra Hezbolá, cayeron en el norte del país, sobre ciudades y localidades civiles, 3 mil 790 cohetes. Un total de 166 israelíes murieron -52 de ellos civiles-, a causa de los misiles, así como parte de los 114 soldados, mientras el resto cayó en combates en el sur libanés. Más de 2 mil civiles resultaron heridos, parte de ellos sufriendo lesiones físicas, y otros conmoción nerviosa, aunque por los servicios siquiátricos de diversos hospitales pasaron varios miles de personas. De ellos, 40 heridos graves y 59 con heridas de mediana gravedad, continúan internados. Cientos de miles -hay cifras que hablan de más de 600 mil israelíes o más- fueron desplazados y se trasladaron al centro o sur del país. "El número de muertos no fue mayor", dijo a esta corresponsal el doctor Norberto Krivoy, del hospital Rambam, el mayor de Haifa, "simplemente por la disciplina de la población, que oía la alarma y corría a refugiarse". La gente recomienda no hacerse "demasiadas ilusiones" pero cuando se le pregunta al respecto, el comentario es que "queremos ver qué pasa, respirar un poco, pero no nos hacemos demasiadas ilusiones", como para no apresurarse a decir que todo irá bien. El Comando Civil publicó nuevas instrucciones señalando que se puede volver a la rutina y que los desplazados pueden volver a sus hogares, aunque absteniéndose por ahora de grandes concentraciones. Los israelíes, sea como sea, no respirarán tranquilos en tanto sus soldados -muchos de ellos casados, con hijos- terminen su servicio de reserva y vuelvan al país. Entre quienes los esperan está Iasmin Krukowsky, cuyo esposo Ilan fue reclutado como oficial de paracaidistas. "Casi no he oído de él -y acota- en estos casos, sabemos al menos que si no se dice nada, quiere decir que no le ha pasado nada". Iasmin e Ilan tienen una bebita, Zohar, de nueve meses. William e Irene, sus padres y por ende abuelos de la pequeña, se fueron de la acosada Naharia, para apoyarla mientras Ilan no está en casa. "No sé si el alto el fuego va a durar y por ahora prefiero no hablar de eso", comenta. "Lo que pienso ahora es que yo extraño a Ilan, pero sé que él también a nosotras, a Zohar y a mí. Y sabiendo que tiene una familia en casa, espero que se cuide más, porque lo estamos esperando".
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