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Mandato renovado


Mandato renovado

UNA NOCHE INOLVIDABLE. Cientos de simpatizantes de Obama se reunieron afuera de la Casa Blanca, en Washington, para celebrar la reelección del demócrata. (Foto: YURI GRIPAS REUTERS )

Miércoles 07 de noviembre de 2012 Ana María Salazar | El Universal
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WASHINGTON.—Al cierre de esta edición la mayoría de las encuestas favorecían al candidato demócrata, el actual presidente de Estado Unidos, Barack Obama. Y más allá de las impugnaciones que surgirán en las siguientes horas, la reelección de Obama debería de interpretarse como un mandato contundente de continuar con sus políticas sociales y económicas.

El problema es que los que votaron por el candidato republicano no votaron por Mitt Romney, sino que es un voto en contra de Barack Obama y todo lo que él representa: un político liberal que cree fervientemente que el gobierno debe de jugar un papel fundamental en proteger a los menos afortunados y asegurar que los afortunados sean ciudadanos responsables. Por eso, y aunque en México nos dé risa, a Obama se le considera como un presidente socialista por parte de la derecha estadounidense.

Mitt Romney no debería haber sido el candidato republicano por el simple hecho de que es un político que hasta hace unos años promovía políticas públicas que rayaban francamente al lado más del Partido Demócrata.

Ahora, su nuevo “look” conservador le costó los votos del estado de Massachuttes donde gobernó.

¿Por qué quedó Mitt Romney como candidato republicano? Porque además de ser un hombre de negocios exitoso, era el más moderado y, por ende, el más presentable para la mayoría de los electores.

Pero recordemos que el objetivo principal no era que ganara Romney, sino destronar y detener en seco las políticas públicas de Obama, que incluyen más impuestos a los ricos y asegurar que la mayoría de los estadounidenses tengan acceso a servicios médicos.

El objetivo de que Mitt Romney fuera presidente era buscar alternativas a las políticas fiscales de Obama que no hicieron, desde su perspectiva, más que hacer crecer el déficit.

El siguiente presidente tendrá que enfrentar grandes retos para poder gobernar. Además de estar en la antesala de una debacle de las economías globales, la crisis de Irán seguramente jugará un papel fundamental en los siguientes cuatro años. Adicionalmente, las Cámaras están divididas no sólo políticamente, sino con un claro objetivo por parte del Congreso republicano de buscar detener al presidente “socialista”.

Por lo tanto, no hay ningún incentivo para los que apoyan a Romney de exigir que reconozca inmediatamente que perdió. Al contrario, mientras más dudas puedan crear en el colectivo conspirado de la derecha, esto abonará a su propósito fundamental que es asegurar que los siguientes cuatro años sean los más difíciles y conflictivos que haya enfrentado un presidente de Estados Unidos.

¿Que significa esto para México? Que por más buenas intenciones que tenga el mandatario estadounidense, las dificultades domésticas y la crisis económica, será difícil que pueda retomar una relación bilateral que sea muy diferente de lo que hay en este momento.

Hay que cruzar los dedos que por lo menos intente presentar un anteproyecto de ley y que habrá el debate de la necesidad de legalizar a los millones y millones de connacionales que viven en EU. Mucho más que eso... imposible.



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