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La tauromaquia, una fiesta en peligro de extinción

El debate entre quienes buscan abolir las corridas y los que las apoyan se intensifica
Lunes 29 de marzo de 2010 ANA ANABITARTE • CORRESPONSAL | El Universal
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MADRID.— Si a un español le preguntan por qué es famoso su país responderá que por el sol, la paella y la tauromaquia, considerada fiesta nacional. Una tradición que lleva años celebrándose, que mueve mil 500 millones de euros cada año y que da trabajo a 200 mil personas, pero que ahora corre el peligro de desaparecer al menos en la comunidad catalana.

Allí el Parlamento ha comenzado a escuchar testimonios de 30 expertos para decidir si aprueba abolir o no las corridas de toros. La votación de la proposición de ley está prevista para el verano y serán los nacionalistas moderados de Convergencia i Unió —quienes tienen libertad de voto—, los que harán que la balanza se incline hacia uno u otro lado. El Partido Socialista de Cataluña, el Partido Popular y Ciutadans, votarán a favor de que siga la fiesta; mientras Esquerra Republicana de Cataluña e Iniciativa-Verds lo harán en contra.

El resto de las comunidades autónomas no ha permanecido impasible ante este debate. Algunas como Madrid, Valencia y Murcia, gobernadas por el conservador PP, quieren que la tauromaquia sea declarada Bien de Interés Cultural con lo que no sólo no podría ser abolida, sino que recibiría subvenciones por parte del Estado. Mientras Barcelona, que fue la única ciudad en el país que llegó a contar con tres cosos taurinos y ahora sólo tiene la Plaza Monumental, en 2004 se declaró ciudad antitaurina; y las también catalanas Gerona, Figueras y Lloret del Mar hace ya tiempo que demolieron sus plazas.

En medio del debate, llama la atención que pese a que la fiesta es uno de los símbolos de este país, 82% de los españoles no ha ido nunca a una corrida de toros, y a 72% no les interesa (frente a 55% en la década de 1970), porcentaje que se incrementa entre los jóvenes (81-82%) y las mujeres (79%).

Cuestionan apoyo del rey

Colectivos antitaurinos criticaron el viernes que el rey Juan Carlos apoyara las corridas de toros en la entrega de los premios taurinos de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, celebrada un día antes. Tras el acto, el rey comentó a los periodistas que “por supuesto” su presencia en esos premios era una defensa de la tauromaquia.

La polémica está servida. Para unos las corridas de toros forman parte de la historia de España y hay que perpetuarlas porque conforman la identidad del país. Defienden que el toro muere dignamente, que no sufre, que nació para morir en la plaza y que si la fiesta se acabara, el toro bravo desaparecería y miles de personas se quedarían sin trabajo. Para otros, la tauromaquia es un espectáculo aberrante que debe desaparecer. El toro sufre al ser asesinado, torturar nunca es una tradición que deba perpetuarse, la fiesta no interesa a la mayoría de los españoles y la imagen de la muerte del animal trauma a los niños.

El científico Jorge Wagensberg lo tiene muy claro. “No es admisible un espectáculo basado en el sufrimiento de un ser vivo”, asegura. Para el físico, los instrumentos que utiliza el torero para matar al animal como la puya, la banderilla y la espada “duelen”. “La puya que se le clava al toro le destroza los músculos y le impide levantar la cabeza, y las banderillas y la espada, cuando se clavan en el corazón atravesando los pulmones, le provoca morir ahogado en su propia sangre”.

El torero Joselito considera el toreo “un espectáculo de pasión, de vida y de muerte, de respeto. Hablamos de sentimientos, tradición, cultura y valores. Yo soy diestro, y respeto a los animales. Los que disfrutan de las corridas no son unos bárbaros. La fiesta de los toros ha inspirado a escritores, poetas, artistas e intelectuales españoles y extranjeros de varias épocas. Me da pena que una sociedad que aboga por la libertad y el aperturismo la pretenda prohibir. Que cada uno tenga libertad para ir a la plaza o no. El toro es el animal más hermoso y mejor tratado del mundo y desaparecería si se prohibieran las corridas”.

Lo cierto es que si la fiesta desapareciera seguramente el toro no desaparecería, pero tal y como señala la Asociación de Ganaderos de Lidia Unidos, unas 200 mil personas vinculadas de una u otra manera al toreo, se quedarían sin trabajo. Según la asociación, la actividad taurina reporta a la economía nacional alrededor de 2 mil 200 millones de dólares, lo que supone, como media aproximada de los últimos cinco años, el 1.5 % del PIB nacional. La Asociación reconoce que las grandes figuras del toreo como Enrique Ponce, Cayetano Rivera Ordóñez o Espartaco pueden llegar a ganar 10 millones de dólares por temporada, pero a diferencia de los futbolistas, se juegan la vida cada tarde.

Además de las grandes corridas, cada año se celebran en España unos 2 mil festejos taurinos de toda índole en pequeñas ciudades y pueblos sobre todo durante sus fiestas patronales, con un coste medio de 35 mil dólares. Casi todas son subvencionados en casi una tercera parte de su coste por los ayuntamientos, lo que hace posible que el precio de las entradas no supere los 32 dólares de media. Eso sí, las corridas en las que participan las grandes figuras del toreo superan los 200 mil euros.

 

 

 

Jonathan Torralba, director de AnimaNaturalis en España, después de escuchar en el Parlamento catalán a veterinarios, biólogos y etólogos detallar con precisión anatómica el proceso que lleva a un toro a ahogarse en su propia sangre, se pregunta “¿cómo podemos pretender que sea un espectáculo educativo para los niños?, ¿cómo podemos ser coherentes y racionales en la justificación del dolor cuando sabemos científicamente que los mecanismos que provocan el sufrimiento de un toro son casi idénticos a los nuestros o los de un perro? Y ¿qué virguerías legales hemos tenido que hacer para conseguir que maltratar a un perro sea delito y a un toro arte?”

Un espectáculo de pasiones

Torralba asegura que cada año se destinan “750 millones de dólares del erario público a mantener con vida una actividad deficitaria que mata unos miles de animales al año”. Y se pregunta si “nos aferraremos a la tradición esgrimiendo los mismos argumentos rebatidos una y otra vez, o seremos tan valientes como cuando decidimos dejar de tirar cabras del campanario”, en referencia a una fiesta popular que se celebraba en un pueblo de Zamora (este de España) pero que hace unos años fue prohibida.

Por su parte, Juan Eulogio Alarcón, presidente de la Unión Taurina de Abonados de la Plaza de Albacete (sur de España), cree que la fiesta tiene un valor histórico, cultural y económico que la hacen “un espectáculo inigualable e insustituible”. Alarcón se muestra convencido de que pese a la proposición de ley “no corre ningún riesgo, pues cada día despierta mayores pasiones entre aficionados y curiosos deseosos de presenciar el verdadero espectáculo que supone una corrida de toros”.

Y subraya “el arraigo y la implantación que tiene en la sociedad, hasta tal punto que hoy es impensable hablar de las fiestas de la inmensa mayoría de los pueblos de nuestra geografía y de ferias importantes donde la base de las mismas no sean los espectáculos taurinos”.

 

 



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