SAN JOSÉ.— Al cumplir cinco meses del golpe de Estado que lanzó el 28 de junio para deponer al presidente Manuel Zelaya, la derecha hondureña realizará hoy unos cuestionados comicios generales que son la segunda parte del plan para convertirse en la primera frontera neoliberal en la batalla contra el “socialismo del siglo XXI”, que tiene a Cuba y Venezuela a la cabeza, y para frenar su expansión en Centroamérica.
En el trasfondo de los comicios está el rechazo a la decisión de Zelaya de insertar a Honduras en la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), principal expresión política del bloque anti-Washington encabezado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, e integrado por Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas, así como Antigua y Barbuda.
“Honduras no quiere saber de dictaduras de izquierda ni de derecha y mucho menos (quiere) la influencia que Chávez vino a implementar a Honduras, donde se dio el lujo de insultarnos”, aseguró Nelson Licona, del comando de campaña de Porfirio Lobo, candidato a la Presidencia del opositor Partido Nacional y favorito en las encuestas.
La democracia, en peligro
Licona, candidato a diputado, declaró a EL UNIVERSAL que la democracia hondureña “se veía en peligro por influencia de los países encabezados por Venezuela y por todo lo que es el eje del Alba, que influenció a Zelaya y sometió al país a una crisis que todavía vivimos en los últimos estertores. En las elecciones está el paso gigantesco a la salida de esta crisis y para acabar precisamente con ese peligro que había expuesto nuestro país”.
La vicecanciller hondureña de facto, Martha Alvarado, ha dicho que Honduras está desplegando una gran batalla a nombre de Centroamérica para contener el avance del socialismo “chavista”. La caída de Zelaya, explicó, permitió bloquear el plan expansionista de Chávez.
En julio de 2008, en un fuerte choque con Estados Unidos, Zelaya anunció el ingreso de Honduras al Alba para, justificó, abrir “nuevas oportunidades para los pobres” del continente. La iniciativa privada hondureña advirtió que Zelaya estaba poniendo en riesgo al país con una alianza “política, militar e ideológica dañina” para la libre empresa.
“No me imagino cómo habrá algún incauto que crea que Honduras intimida” a la Casa Blanca, dijo Zelaya al hacer el anuncio.
Poco después, Chávez y los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Bolivia, Evo Morales, y el entonces vicepresidente de Cuba, Carlos Lage, viajaron a Tegucigalpa para atestiguar el ingreso formal.
“Honduras no pidió permiso a ningún imperialismo” para entrar al Alba, aseguró Zelaya en la ceremonia.
Chávez alertó que “el imperio de Estados Unidos” lanzó una campaña de “agresiones” para detener “lo que no van a poder frenar” y destacó que “el coraje” de Zelaya “no tiene parangón”, ya que se enfrentó a “presiones de los yanquis”.
“Zelaya aceleró un proceso que encontró simpatías en algunos sectores hondureños, pero que le aisló de su partido (Liberal) y de las estructuras del Estado”, afirmó Julieta Castellanos, rectora de la estatal Universidad Autónoma de Honduras, consultada por este diario.
“Se fue quedando solo en su partido. Muchos sectores están en la resistencia (contra el golpe de Estado) no por compartir criterios del Alba sino por apoyar a Zelaya. Eso probablemente quede evidenciado este domingo”, agregó.