WASHING-TON.— La matanza en la base militar de Fort Hood se cobró ayer su víctima número 13, mientras un ejército de investigadores del FBI y el Pentágono se lanzó a la cacería de pistas para tratar de entender los motivos que Malik Nadal Hasan, un psiquiatra militar especializado en estrés postraumático, pudo tener para perpetrar una masacre que ha evidenciado el ambiente de intolerancia religiosa en el seno de las Fuerzas Armadas y la creciente falta de convicción entre quienes son enviados a combatir en Irak y Afganistán.
El presidente estadounidense Barack Obama ordenó un luto de seis días y pidió a la nación no adelantar juicios sobre las causas que llevaron a Hasan a ejecutar a sangre fría a un grupo de camaradas, pero los primeros testimonios de amigos, vecinos y conocidos han permitido reconstruir lo que sentía el militar. Hasan dio algunas pistas de sus intenciones mientras confesaba a familiares su hartazgo con las Fuerzas Armadas y se quejaba por el acoso que decía sufrir a manos de sus colegas por sus creencias religiosas.
Antes de emprender el tiroteo en una zona de revisión médica repleta de soldados, donde además de matar a 13 hirió a 38 personas, Hasan regaló varios ejemplares del Corán a sus compañeros, repartió el mobiliario de su apartamento entre algunos vecinos y mandó varios mensajes a través de una computadora que pidió prestada a uno de sus amigos.
La prensa estadounidense fue la encargada de revelar varios de los detalles. Así, el diario The Washington Post difundió testimonios de una tía de Hasan, según los cuales, éste sufría bromas y presiones debido a su fe musulmana desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Por su parte, Nader Hasan, primo de Malik, dijo a varios medios que a éste le atormentaba la idea de ser desplegado en Afganistán y que en privado despotricaba contra una guerra que había visto a través de los ojos y traumas de soldados que habían regresado del frente y que él atendía de forma regular como psiquiatra, primero en el Centro Médico Walter Reid de Washington y luego en la base militar de Fort Hood. “Estos últimos cinco años fueron una pesadilla para Malik”, aseguró.
Todo ello pudo influir en su decisión de protagonizar el acto final de una carnicería al grito de “¡Allahu Ahkbar!” (Dios es grande), según la versión ofrecida por el teniente general, Robert Cone, a partir de los testimonios de varios testigos presentes durante el baño de sangre.
Hasan, un hombre que hoy se debate entre la vida y la muerte en una unidad de cuidados intensivos tras ser reducido por una policía civil que le disparó cuatro veces, era un militar por necesidad, uno de esos jóvenes que son enganchados por las Fuerzas Armadas con la promesa de recibir una educación universitaria que, al final, lo convertiría en un psiquiatra.
A pesar de que Malik nació en Arlington, Virginia, nunca renegó de sus raíces palestinas. De acuerdo con el testimonio de Faizul Khan —el imán que lo conoció en una mezquita de Silver Spring (Maryland)—, cuando Hasan se registró en su congregación con la esperanza de encontrar una esposa, lo hizo como palestino y no como ciudadano estadounidense.
Según los investigadores, Hasan utilizó dos armas. Los expertos averiguan si, accidentalmente, algunos soldados pudieron herir a compañeros al intentar disparar al agresor.