WASHINGTON.— Hace exactamente un año, Barack Obama hacía historia impulsado por una marea de 130 millones de electores que le convirtieron en el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos:
“Ha tardado mucho en llegar, pero esta noche, por lo que hemos hecho en esta fecha, en esta elección, en este momento decisivo, el cambio ha llegado a América”, aseguró Obama en un discurso de victoria que se alzó sobre una multitud que se apretujaba a cielo abierto en la explanada del Grand Park de Chicago.
Desde esa noche de victoria, el cambio prometido por Obama ha llegado por episodios y en medio de sentimientos encontrados. Mientras el mundo se rinde ante sus promesas de cambio y le concede un Premio Nobel de la paz por haber propiciado “un nuevo clima en la política internacional”, en Estados Unidos la imagen de Obama se desgarra entre una derecha que le acusa de estar llevando al país rumbo al socialismo y una izquierda que le critica por su falta de arrojo y empuje para cumplir con sus promesas de campaña.
Para un feroz sector de críticos de la izquierda, el Obama que ayudaron a encumbrar hace un año ha perdido todo contacto con el Obama que hoy habita en la Casa Blanca.
Un juicio que, sin embargo, no es compartido por la mayoría de los estadounidenses —54%, según la más reciente encuesta de la cadena CNN—, que aún siguen apoyando su gestión como presidente y le conceden el beneficio de la duda.
“Es cierto que aún no consigue todo lo que prometió. Pero, sólo ha transcurrido la primera cuarta parte del partido y sería injusto no reconocer que el ambiente de recesión bajo el que se inició su presidencia ha sido muy complicado”, aseguró Chrissi Faesen de la organización Rock the Vote mientras compara los primeros 287 días de mandato efectivo de Obama al primer cuarto de un partido de baloncesto.
“Aún faltan tres cuartos de partido, y en ese tiempo nos encargaremos de recordarle que la promesa de cambio que hizo hace un año es hoy más vigente que nunca”, añadió al anunciar una serie de movilizaciones que una coalición de organizaciones han programado en este primer aniversario de la victoria electoral de Obama para mostrar músculo ante un Congreso que vive momentos decisivos para decidir entre el éxito y el fracaso de la reforma sanitaria, la más importante y decisiva iniciativa de la administración que, además, está vinculada de forma secuencial a otras iniciativas claves como la reforma financiera, la energética y la migratoria.
Hablar de éxitos en el primer tramo de la era Obama se ha convertido en una misión harto ingrata para la mayoría de quienes hoy forman parte de su administración. Y, aunque la economía ha crecido 3.5% durante el último trimestre, las cifras del desempleo (9.8% a nivel nacional) aún siguen dando munición a los republicanos, a la ultraderecha y a quienes desde la izquierda comienzan a impacientarse.
Y ello sin mencionar las dos guerras abiertas en Irak y Afganistán que Obama sigue sin poder apaciguar, mientras el número de muertes se multiplican en los dos frentes.
“Es necesario que demos un paso hacia atrás para ganar en perspectiva. Hasta ahora puede decirse que el mayor logro de Obama ha sido evitar una segunda Gran Depresión”, consideró el analista Eugene Robinson, uno de los más sobrios defensores de la administración del presidente
“Obama ha conseguido más y mucho más rápido que lo que algunos presidentes lograron en sus primeros meses de mandato”, consideró Bruce Buchanan, un politólogo de la Universidad de Texas.
“Y sólo por ello, habría que concederle el beneficio de la duda”, argumentó el académico para tratar de mediar entre quienes desde la extrema derecha y la izquierda más contestataria le conceden hoy una calificación mediocre a Obama, en el primer aniversario de su histórica victoria en las urnas.