BUENOS AIRES.— En la que es la campaña más paupérrima en ideas y en códigos éticos desde la recuperación democrática en Argentina (1983), lo único cierto es que las elecciones legislativas del próximo domingo podrían marcar un giro a la derecha del electorado, si se confirman las encuestas y si se tiene en cuenta el pragmatismo y las consecuentes necesidades económicas de los Kirchner.
Los sondeos muestran que en la provincia de Buenos Aires, el principal centro electoral del país, el ex presidente Néstor Kirchner y el empresario colombiano-argentino, Francisco de Narváez, se encuentran en un virtual empate técnico. En la capital, el derechista PRO, que gobierna desde hace dos años, obtendría un holgado triunfo.
Los dos distritos reúnen a 42% del electorado y 37% de los habitantes del país. Es por eso que el ajuste del que nadie habla, una posible devaluación de la moneda después de los comicios, que ni siquiera figuró en los debates de la campaña, llevaría al pragmatismo del gobierno a dar un giro que lo ayude a salvaguardar la gobernabilidad, ya que se descuentan duras derrotas en la provincia de Buenos Aires (lo que podría terminar de favorecer a De Narváez y a su peronismo disidente), en Córdoba y en Santa Fe. O sea, allí donde la crisis con el sector agropecuario del año pasado y los errores del kirchnerismo dejaron profundas heridas abiertas.
Replantear estrategias
Más allá de lo que digan las urnas el domingo en la noche, el progresismo estará obligado a replantear estrategias, más allá de los Kirchner, para quienes un ajustado triunfo en Buenos Aires o una derrota, será como poner un plazo fijo a sus días en el poder.
Por eso es en Santa Fe, la segunda provincia en importancia del país, donde se podrían dirimir los roles de candidatos presidenciales para el año 2011, en la figura del gobernador Hermes Binner y del ex senador Carlos Reutemann, el ex piloto de fórmula 1, quien ya lanzó su precandidatura a la Presidencia desde el peronismo, tras alejarse del redil kirchnerista.
A Reutemann parece ocurrirle en los sondeos lo que en las pistas en la década de los 80. Vino liderándolas con más de 15 puntos de ventaja, pero en las últimas semanas el candidato socialista, Rubén Giustinani, “se fue acercando y hoy contabilizamos una suerte de empate técnico”, explica Mariel Fornoni, de la consultora Management & FIT.
“Caballo que alcanza gana”, dice un popular refrán en Argentina. La encuestadora Nueva Comunicación también le da la victoria a Giustinani, lo que equivaldría a una postulación a la Presidencia de Binner, la expresión más acabada de la socialdemocracia local.
Esto también derivaría en “un profundo debate dentro del justicialismo para definir el futuro inmediato, que seguramente, y fiel a su habilidad para leer la realidad, podría dar un vuelco a posiciones más conservadoras”, de la mano de De Narváez, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri (quién abiertamente se proclamó a favor de las privatizaciones de empresas, lo aquí significa confesarse menemista) y el padrino político de ambos, el ex y presidente Eduardo Duhalde.
Todo esto en el terreno de las encuestas. En los hechos, la campaña que concluyó ayer agotó a la sociedad por lo poco seria y por los temores de un fraude, a medida se acerca el momento de acudir a las urnas, en una elección que es la más crucial de la historia reciente de las legislativas, la más pobre y las que podrían marcar el rearme de la derecha.
Ayer, el más nutrido cierre de campaña fue el del oficialismo, encabezado por el ex presidente Néstor Kirchner, arropado por su esposa y sucesora en el cargo, Cristina Fernández.