TEHERÁN.— “Estás haciendo lo mismo que yo, ¿no es cierto?”, me dijo un hombre en ese callejón, en medio de un enfrentamiento entre milicianos basijs y jóvenes manifestantes, el sábado. Yo puse cara de gruñón. “¡Cuídate!”, gritó mientras una carga de antimotines en motocicleta nos hacía correr a todos. El breve intercambio tuvo lugar en inglés, lo último fue un grito y eso era preocupante porque varias personas pudieron haberlo escuchado. Se podrían dar cuenta de que eres extranjero. Si te identifican, te harán preguntas y pueden descubrir que eres periodista.Si te capturan los basijs, muy mal. Son enemigos jurados de la prensa, recitan frases y eslóganes contra ella, y lo menos que recibirás es una golpiza. Si te arresta la policía, bueno... antes pensábamos que se trataba tan sólo de dos o tres días preso antes de la expulsión. Pero los últimos incidentes sugieren algo más complicado.
Una de las tantas noticias que el gobierno iraní querría que no dieran los periodistas es que no quiere dejar que hagan su trabajo. Es un régimen adicto a las mentiras y a la arrogancia de poder decirlas con impunidad, pues su control sobre los canales de televisión y estaciones de radio es total. Los periódicos que se salen de la línea, los cierra. En una semana, según Reporteros Sin Fronteras, ha aprehendido al menos a 23 colegas iraníes, “Irán es la mayor cárcel de periodistas”.
Delitos de espionaje
El domingo, el gobierno expulsó al corresponsal de la BBC. Ese mismo día, tomó preso al de Newsweek, esta vez sin acusaciones. ¿Qué preparan contra él? Y hay un misterio. Se informó sin detalles sobre el arresto en la manifestación del sábado de dos franceses, dos alemanes y un británico, a quienes van a procesar por delitos de espionaje al servicio de Gran Bretaña. ¿Quiénes son? Podría tratarse de activistas que peleaban al lado de los opositores. O de visitantes europeos con poco sentido común y mala suerte. O de periodistas independientes sin el visado correcto.
El régimen iraní busca pretextos que justifiquen el asesinato de sus ciudadanos. Hay dos preferidos: los muertos eran terroristas (los mata y luego los difama, ¿es que el Corán no dice nada contra el ensañamiento?) y las “potencias enemigas”, en particular la “malévola Gran Bretaña”, son los verdaderos causantes de la inconformidad. Y como acusar sale gratis.
Así es que tienes que pasar desapercibido. No mostrar la cámara. No acercarte a los policías ni a los basijs. No hablar con los manifestantes tampoco, porque esto está lleno de policías secretos vestidos de civil. El problema es que los iraníes son sumamente simpáticos y platicadores. Le dicen cosas y le piden la opinión a cualquiera que esté al lado. Aunque uno sienta feo, la única salida es poner cara de gruñón y negarse a hablar. Mejor que le digan a uno grosero que periodista. ¿O no?