HAIFA, Israel.— “Los piratas modernos no son ladrones de relojes, ni simples delincuentes. Son terroristas”. Así lo afirma David Mirza, fundador y promotor de la Academia Internacional de Seguridad de Israel, que ha decidido lidiar con este viejo-nuevo desafío, organizando por primera vez un curso especializado de segurida marítima.
Preparó el curso nuevo, dedicado específicamente a responder al problema de la piratería marítima, convencido de que “hay que tomar conciencia del problema y saber proponer soluciones concretas”. Mirza explica que “tanto la OTAN como la ONU y el mundo en general, deben entender que con hablar, esto no se soluciona”.
“Es necesario respaldar a los guardias en los barcos para cuidar la vida de la gente y la carga que llevan para que el terrorismo no gane. De lo contrario, será imposible navegar”, agrega el experto.
David, de tono seguro y tendencia a reír con facilidad, nos recibe a bordo de un barco anclado en los astilleros de Haifa, donde se realiza parte del entrenamiento y se lleva a cabo la maniobra que lo resume. Alrededor, ambiente pastoral, un Mediterráneo tranquilo y aparentemente imperturbable... hasta que comienza la maniobra y “piratas” tratan de subirse al barco.
Aquí se trata de un mero simulacro, aunque las granadas de humo, los chalecos antibalas y la determinación de instructores y guardias aprendices por igual, dan la sensación de “vida real”. Pero el problema no es ningún invento y todos llegaron al curso justamente porque son conscientes de ello.
Son todos guardias a distintos niveles. La mayoría llegó por su propia iniciativa, a fin de prepararse mejor en el área en la que trabajan. Otros, como Lumumba Owade, llegan en misión oficial: él es el jefe del equipo de guardaespaldas del primer ministro de Kenia.
“Es terrorismo”
“Mi país gozó mucho tiempo de gran tranquilidad, algo especial en África. Pero la situación en la vecina Somalia es grave, por la falta de un gobierno efectivo, y eso ha influido también en mi país. Hay que estar siempre muy alerta”, cuenta Owade.
“Hay que comprender que la piratería marítima ya no es para robar relojes sino que es terrorismo, que no distingue entre israelí, judío, egipcio, ucraniano, filipino o francés”, afirma David Mirza. “Esa gente todavía tiene 220 rehenes en Somalia y nadie hace nada porque no entienden aún que esto es un tipo de terrorismo que puede llegar a más todavía que sólo secuestrar un barco de carga”.
Y si se trata de prepararse para responder a un nuevo desafío, parecería —a juzgar por los comentarios de varios de los participantes— que nada mejor que hacerlo en Israel.
“La gente aquí es muy especializada en la seguridad. Es impresionante cómo lo tienen montado, en todos los sentidos”, dice Nelson Pérez, de 43 años, originario de Viña del Mar, Chile. Forma parte del grupo mayoritario en el curso, el de España, donde él radica desde hace más de 20 años. “Aquí son expertos en seguridad, es evidente. Se ve que no tienen más remedio”.
También Franciso Javier, de 45 años, procedente de Vitoria, en el País Vasco, cree que en la realidad israelí está gran parte del secreto. “Es la tercera vez que vengo a Israel a un curso de seguridad, aunque éste es el primero sobre la parte marítima, y veo que aquí la conciencia de seguridad es latente, siempre. Se respira en el ambiente... es que aquí se trata siempre de la supervivencia”.
David Mirza da un ejemplo concreto de lo urgente que es lidiar seriamente con las amenazas a la seguridad: “Si los terroristas que atacaron hace tres semanas el crucero de bandera italiana cerca de las islas Seychelles, con mil 500 pasajeros, hubieran logrado su cometido, el mundo tendría ahora mil 500 rehenes en manos de los piratas somalíes. Pero los guardias israelies lograron frenarlos”.
“No estás entrenado para liarte a tiros a las primeras de cambio, sino para intentar que esos tiros no tengan que realizarse porque previamente hemos hecho un trabajo preventivo que disuada a los chicos malos”, dice el español Juan José Morales, guardia privado en el país vasco y ex suboficial del Ejército español, cuya vida ya ha corrido peligro en la lucha contra la banda armada ETA. “La violencia tiene que ser nuestro último recurso, pero no por eso hay que estar precondicionados a no usarla. Si llegado el momento hay que usarla, lo vamos a hacer”.