JERUSALÉN (EFE).— El Ejército israelí actúa con tremenda dureza en Gaza a fin de evitar un alto número de bajas entre sus soldados que —como sucedió en el conflicto con Hezbolá de 2006— resquebrajen el masivo apoyo social a su ofensiva en la franja.
“Somos muy violentos. No estamos rehusando método alguno para prevenir bajas entre nuestras tropas”, reconoció esta semana ante las cámaras el teniente coronel Amir, jefe de la unidad de combate de ingenieros.
Bajo condición de anonimato, otro alto mando militar israelí tampoco dudó estos días en describir a la prensa el actual modus operandi en Gaza: “Desde nuestro punto de vista, ser cuidadoso significa ser agresivo”.
“Cuando sospechamos que un miliciano palestino se esconde en una casa, lanzamos un misil; luego, dos disparos de tanque y después una excavadora golpea el muro. Causa daños, pero previene la pérdida de vidas entre nuestros soldados”, agregó.
Con estas tácticas, no resulta extraño que el balance de muertos en los hasta ayer 16 días de operación Plomo Fundido sea de más de 900 palestinos —la mitad de ellos civiles— y 15 israelíes, cuatro de ellos soldados caídos por “fuego amigo”.
En este sentido, el diario Haaretz desveló ayer los motivos de que Israel bombardeara el pasado martes una escuela de Naciones Unidas en un campo de refugiados de la ciudad de Gaza, lo que, según la ONU, causó la muerte a unas 30 personas.
Según una investigación preliminar del Ejército, las tropas intentaron lanzar un misil de precisión contra una lanzadera de cohetes que se encontraba a unos 30 metros del colegio, cuyas coordenadas conocía y en el que podían verse claramente los símbolos de la ONU.
Pero un fallo técnico lo impidió y el mando militar optó entonces por disparar proyectiles de mortero guiados por GPS, mucho menos precisos y que causaron la tragedia.
A un mes de que se realicen las elecciones legislativas, los políticos israelíes no están dispuestos a repetir el error de que los telediarios se pueblen de ataúdes cubiertos con el blanco y azul de la bandera del país.
En Israel, donde el servicio militar es largo y obligatorio y los reservistas son legión, el Ejército es una parte esencial de la identidad nacional.
Así, con apenas 10 soldados muertos, los principales responsables de la ofensiva (el premier Ehud Olmert y los ministros de Defensa, Ehud Barak, y Exteriores, Tzipi Livni) han aumentado sus índices de popularidad desde el inicio de la ofensiva, pese al constante goteo de muertes palestinas, civiles incluidos.