SAN JOSÉ.— Con el almuerzo recién digerido, millones de costarricenses apenas se disponían a retomar sus habituales labores vespertinas, en un soleado y típico día de verano en la pequeña Costa Rica.
De pronto, todo cimbró. Un primer remezón, luego una sacudida más fuerte y… el estremecimiento. Alguien se lanzó a la calle y gritó.
Eran las 13:21 horas de ayer.
En ese instante, un terremoto de 6.2 grados en la escala Richter azotó a Costa Rica, golpeó con fuerza a la zona norcentral y dejó un saldo preliminar de tres niñas muertas por derrumbe, una mujer fallecida por infarto, numerosos heridos, centenares de aislados por caídas de cerros, cientos de viviendas dañadas, 16 kilómetros de carreteras colapsados y más destrozos en casas, hospitales, hoteles y edificios.
El sismo fue sentido en todo el país, tuvo seis kilómetros de profundidad y se originó en una falla local, con un epicentro a 10 kilómetros al este del volcán Poás y tuvo cientos de réplicas, informó el Observatorio Sismológico de Costa Rica.
“Todo quedó quebrado”, dijo Sergio Mesén al noticiero Repretel, de esta ciudad, mientras mostraba su casa en las faldas del Poás. “El carro comenzó a brincar”, narró Óscar Bonilla, quien conducía un vehículo con turistas cerca del volcán.
“Quedamos prensados entre dos terraplenes”, describió.
Con reacciones de histeria y nerviosismo, hubo cortes de electricidad, saturación de teléfonos y presas viales. En los hospitales, orden de desalojo.
De inmediato, empezaron las labores de rescate en un día de alerta roja y en riesgo de avalancha por rajaduras en una hidroeléctrica.
Impactada, Costa Rica apenas despertaba al azote vespertino.