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Madres sufren la guerra en silencio

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Sara Lemel/DPA
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Miércoles 07 de enero de 2009
GAZA/TEL AVIV.— Umm Karim, madre de cuatro niños y residente en el barrio de Rima, en el oeste de la ciudad de Gaza, tuvo que abandonar su vivienda debido a los violentos ataques israelíes. Su familia fue acogida en la casa de unos amigos, situada más al centro de la ciudad.

“A menudo, nos sentamos en la oscuridad, porque debido al corte de la energía eléctrica incluso las velas escasean”, cuenta esta palestina de 36 años. Hace muchísimo frío, pero ni ella ni sus amigos disponen de medios para calentarse y no pueden cerrar las ventanas, cuyos cristales están hechos añicos por las explosiones. “La gente se envuelve en abrigos. Para calentarnos nos ponemos un pantalón encima del otro”, explica Karim.

Cuando sus hijos tienen miedo, les entra más hambre a causa de los nervios. “Tiemblan y sólo quieren algo que masticar”, dice esta madre palestina. Pero debido a los combates y al bloqueo israelí, apenas hay agua o alimentos y la mayoría de las tiendas permanecen cerradas. El 80% de los 1.5 millones de habitantes de la Franja de Gaza sobrevive gracias a los paquetes de ayuda que reparten las organizaciones humanitarias internacionales. Y en muchas viviendas ya no hay ni siquiera agua corriente.

“A veces sale un pequeño hilo de agua del grifo, y llenamos todos los recipientes posibles”, relata. Cada miembro de la familia ha de conformarse con medio litro de agua al día. A sus hijos les da de comer pasta flotando en el agua que utiliza para cocerla, a la que echa cebolla, setas y tomate concentrado, para no desperdiciar nada.

Pese a la sangrienta ofensiva por tierra de las tropas israelíes, extremistas palestinos continúan disparando cohetes contra el Estado hebreo con la misma intensidad. Así, en la ciudad fronteriza de Sderot, que lleva ocho años sufriendo los impactos de cohetes disparados desde Gaza, muchas madres y sus hijos se protegen en búnkers que limitan su espacio al mínimo.

La profesora Atara Orenbouch tiene también 36 años y vive con su marido y sus seis hijos en una casa con un estrecho espacio protegido. Los pequeños, de entre dos y 15 años, ya están acostumbrados a los ataques de cohetes, de los que se informa varias veces al día por altavoces con la señal de alarma de "Zeva Adom" (color rojo). Entonces, los residentes tienen 20 segundos para ponerse a salvo.

“Incluso el pequeño sabe lo que debemos hacer cuando dan la alarma y corre rápidamente al sótano”, dice la israelí, que mantiene la calma pese a la situación.

Los colegios y jardines de infancia en Sderot y otras ciudades en un margen de 40 kilómetros a la redonda permanecen cerrados desde el inicio de la ofensiva militar. La mujer israelí está de acuerdo con la ofensiva del ejército de su país, aunque lamenta que haya tantas víctimas civiles entre los palestinos.

 

 
 

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