CARACAS.— La disidencia del chavismo aparece como el rasgo más destacable de la elección de este domingo planteada por el propio Hugo Chávez como un plebiscito. No son pocos los que hasta no hace mucho poblaban los despachos y los escenarios en multitudinarios actos al lado del presidente los que hoy son calificados de “traidores” por Chávez, por pugnar electoralmente desde otras tribunas, mucho menos autoritarias y personalistas, mucho más previsibles y democráticas.
Si el gobernador de Sucre, Ramón Mendoza, representa el paradigma de ese sector, Juan Carlos Reyes, un chavista con posibilidades de vencer al ex ministro de Educación Adán Chávez (hermano del presidente) en el feudo familiar de Barinas, o Luis Felipe Acosta Carles (hermano del militar bolivariano muerto en la frustrada asonada que fue la presentación en sociedad de Chávez en 1992), en Carabobo, ahondan la tendencia.
Allí está, como una suerte de símbolo Marisabel Rodríguez, ex primera dama, quien pugna por la alcaldía de Irribaren, en Barquisimeto.
Sin olvidarse de las amenazas contra la oposición, los últimos días de una campaña —en la que el presidente no evitó los recursos del Estado ni las prerrogativas de su cargo— cargó las tintas contra los “traidores” que ponen “en juego la revolución”.
La oposición controla hoy dos gubernaturas y 29 alcaldías. Todos los encuestadores consultados por EL UNIVERSAL precisan que los candidatos “no chavistas” podrían incrementar “de cuatro a ocho” las gubernaturas, al tiempo que los últimos sondeos abren posibilidades a que más de 40% de las 330 alcaldías queden en manos de opositores y disidentes.
Hoy en las urnas no se juega la continuidad del gobierno de Chávez, que obtendrá “la mayoría de los votos, pero sí podría surgir un mapa político diferente, mayor equilibrio y la muestra del desgaste de una década en el poder”, opina el analista Carlos Romero. Más de 17 millones de venezolanos tienen en sus manos definir cómo será ese mapa a partir de hoy: si acompañan a la oposición y a la disidencia en su ardua y, por momentos, casi imposible labor del generar una alternativa, o vuelven a otorgarle al presidente las cartas para avanzar nuevamente en busca de la reelección y de una Venezuela que se mantenga “Roja, rojita”.
“Hay compañeros que se cansaron de ver cómo no se permite el crecimiento personal de dirigentes de peso, que se les hace a un lado por pura voluntad del mandatario”, confía a este enviado un ex miembro del gabinete que pone como ejemplo la suerte de Juan Barreto, el actual alcalde de Caracas, a quien Chávez lo sacó de sus preferencias y ni siquiera es candidato a concejal.
Ahora sólo resta esperar los hechos. Si una vez abierta las urnas se plasman las amenazas de pasear los tanques contra la oposición en el caso de que se ratifique su pérdida, paulatina pero constante de popularidad y aliados. Después de todo Marisabel, la ex primera dama y su candidatura representan un símbolo clave de esta elección.
Aparece, en los hechos, como la representación perfecta de un enamoramiento roto con vastos sectores sociales, de la destrucción del matrimonio entre las instituciones y la sociedad y cada vez más compañeros de ruta que, agotados de 10 años de autoritarismo y personalismo, buscan otras formas políticas y otros caminos más calmos para Venezuela.