WASHINGTON.— En medio de una reñidísima contienda y con acusaciones de fraude envenenando el ambiente, las batallas senatoriales por Alaska, Georgia y Minnesota mantienen en vilo a quienes hoy ven en la suerte electoral de estos tres estados el futuro equilibrio de poder en el Senado de Estados Unidos y la posibilidad de una confortable mayoría demócrata de hasta 60 escaños que permitiría al presidente electo, Barack Obama, comenzar su mandato con el pie derecho.
Tras las disputas por Minnesota, donde ambos candidatos se preparan para vigilar el recuento que se realizará boleta por boleta para decidir el nombre del vencedor entre el ex comediante demócrata Al Franken y el republicano Norm Coleman, la atención de ambos partidos se concentra ahora en Alaska, donde la suerte del senador republicano, Ted Stevens, condenado hace apenas dos semanas por siete cargos de corrupción, pende de un puñado de votos que podrían favorecer a su oponente demócrata Mack Begich, el ex alcalde de Anchorage.
En el curso de las últimas horas, la diferencia de apenas 3 votos que mantenía la noche del pasado miércoles Begich sobre Stevens se ha ampliado hasta los 814, una cifra que seguirá teniendo un carácter provisional hasta que no concluya el recuento en todo el estado, un proceso que tiene como límite el próximo miércoles.
En el caso de Georgia, donde no ha habido un resultado contundente a favor de ninguno de los dos candidatos, todo parece indicar que el republicano Saxby Chambliss y el demócrata Jim Marti tendrán que enfrentarse en una segunda y decisiva vuelta el 2 de diciembre.
La necesidad de evitar que los tres estados en disputa caigan del lado demócrata han animado a John McCain, el derrotado candidato a la Presidencia, a participar en una campaña de última hora para conseguir que el electorado de Georgia se convierta en bastión del Partido Republicano, a fin de impedir que Barack Obama inicie su mandato con una mayoría inapelable en el Congreso.