WASHINGTON.— Cuando sólo faltan cuatro días para las elecciones, resulta milagroso que las caravanas de campaña del demócrata, Barack Obama, y el republicano, John McCain, aún no se hayan topado de bruces mientras recorren a ritmo frenético las mismas rutas y los mismos estados que se han convertido en el epicentro de la batalla.
En los cuarteles de campaña de ambos candidatos, sus estrategas vigilan el parpadeo constante del mapa electoral mientras ajustan estrategias y confeccionan recorridos quirúrgicos por Ohio, Virginia, Pennsylvania, Florida, Carolina del Norte, Colorado y Missouri para rebañar hasta el último de los votos y asegurar el apoyo de los indecisos (casi el 9% a nivel nacional), con el fin de confirmar o desmentir lo que las encuestas se empeñan en vaticinar. “La campaña de Obama sin duda es la que parece abocada a una victoria”, aseguró Charlie Cook, analista electoral.
“A estas alturas, muchos se preguntan si el margen de victoria de Obama frente a McCain será más grande de la que Bill Clinton consiguió frente a George Bush (5.65 puntos de diferencia) en 1992 o incluso superior a la victoria aplastante de Ronald Reagan (9.7) frente al entonces presidente, James Carter”, ilustró.
“No podemos confiarnos ni un solo segundo. Lo que está en juego es la posibilidad de cambiar de dirección y dejar atrás una década de políticas fallidas”, insistió Obama en un mitin en Orlando frente a una multitud que en términos contables representa un total de 27 votos electorales, es decir, la décima parte de los 270 votos que necesita para asegurarse la victoria.
En la mayoría de las proyecciones, la ventaja de Obama resulta abrumadora. La página de Real Clear Politics, que condensa las proyecciones de varios medios, concede al demócrata un total de 311 votos electorales, mientras que la realizada por The New York Times le da 286 contra 163 de McCain.
La ventaja de Obama ha sido posible, en gran medida, por el apoyo de tres estados cruciales como Virginia (donde mantiene una ventaja de casi 8 puntos), Ohio, un tradicional enclave republicano donde el demócrata ha conseguido un avance sustancial en el curso de los últimos dos meses (5.6% de ventaja) y Pennsylvania, donde Obama ha conseguido remontar después de una humillante derrota a manos de Hillary Clinton, en las primarias demócratas de abril.
En todos ellos, sin embargo, el factor racial sigue siendo la gran incógnita. Una variable a la que la mayoría de los analistas coinciden hoy en contraponer al agotamiento del ideario económico republicano que pesa como una losa en el ánimo de un electorado castigado por la crisis y que podría convertirse en un poderoso antídoto de actitudes racistas.
“Pero, además de estos estados, Florida será de nuevo escenario de una dura lucha, lo mismo que Nevada y Colorado, que cuentan con importantes minorías hispanas”, aseguró Simon Rosenberg analista político.