WASHINGTON.—Nevada es uno de los siete estados que podrían definir la elección de noviembre. Con una economía en declive, nuevos inmigrantes que han transformado su demografía y el más alto índice de quiebra de hipotecas en el país, es un microcosmos social y político de Estados Unidos.
Encabeza además las estadísticas de un fenómeno nacional que puede ser un síntoma de lo que podría ocurrir el 4 de noviembre: es el estado con mayor número de nuevos votantes registrados del país.
Es también un “swing state” (estados que alternan voto republicanos y demócratas) y además tiene un significado especial en términos de la influencia de grupos étnicos en la elección: una cuarta parte de sus habitantes son de origen hispano. Junto con Nuevo México, Colorado y Florida, forma parte del núcleo de estados latinos cuyos votos electorales podrían ser claves en el resultado final de la elección.
¿Por qué ambos candidatos han disputado de manera tan intensa un estado que sólo significa cinco votos electorales? En una elección competida como la que enfrenta a John McCain y Barack Obama, el resultado final se reduce a la votación en los llamados “battleground states” (estados de batalla electoral) que se mantienen indecisos.
Nevada es uno de ellos y el resultado en cada uno de esos estados (Florida, Virginia, Colorado, Ohio, Missouri y Carolina del Norte) será vital para definir quién será el nuevo presidente de Estados Unidos.
La historia electoral de Nevada en las últimas décadas es la de una intensa batalla entre republicanos y demócratas en la que la diferencia entre candidatos ganadores y perdedores han sido unos cuantos miles de votos. Bill Clinton ganó en 1994 con un punto de diferencia y Bush con tres y dos puntos sobre Kerry en 2000 y 2004.
El rostro de Nevada se ha modificado en la misma medida en la que ha cambiado el perfil demográfico de otros estados y el crecimiento de su población, acentuado por un número significativo de hispanos que hoy conforman casi 25% de sus residentes, ha comenzado a tener efectos políticos.
Los campamentos de Obama y McCain han invertido mucho tiempo y dinero en el intento por atraer a los votantes de Nevada.
El equipo del senador por Illinois puso en marcha aquí también la impresionante red de trabajo electoral consistente en entrenar a miles de organizadores y voluntarios para hacer llamadas telefónicas, tocar miles de puertas y llevar a los electores a votar.
La campaña de Obama abrió en Nevada más de 20 oficinas y tiene casi 80 personas trabajando de tiempo completo. Esos esfuerzos ya se han traducido en ventajas y diferencias sustantivas respecto a elecciones anteriores.
En la elección de 2004, por ejemplo, se registraron en el estado 434 mil republicanos y 429 mil demócratas (5 mil republicanos más).
Cuatro años después las cosas se han invertido: hay 559 mil electores registrados como demócratas y 487 mil como republicanos. La diferencia entre un partido y otro es de 70 mil electores. Hay 197 mil independientes.
Sin embargo, la contienda por Nevada sigue siendo muy cerrada: un promedio de las principales encuestas ubica a Obama con 49.3% en la intención de voto por 46% de McCain. Un virtual empate técnico.