WASHINGTON.— El debate entre los candidatos a la vicepresidencia de Estados Unidos podría resumirse en el sentido inverso de una frase trillada: la alumna no superó al maestro. El demócrata John Biden fue amable, más estructurado, sustancial y argumentativo; la republicana Sarah Palin fue una ametralladora de frases cortas y ensayadas.
Palin fue la chica responsable que repasa una y otra vez hasta memorizar las respuestas de un examen escolar. En algunos momentos no resistió e hizo trampa: fue notorio que leyó el acordeón que descansaba sobre el atril de madera cuando respondió a la pregunta sobre las responsabilidades constitucionales del vicepresidente.
No cometió pifias mayores, si no se entiende como un error grave que haya pronunciado McClellan en lugar de McKiernan, cuando quiso referirse al general estadounidense a cargo en Afganistán. Al margen de eso —y para alivio de los republicanos que se temían lo peor—, lo hizo mejor de lo que se esperaba, tras la imagen errática e insegura que mostró Palin en las últimas semanas y que hizo tambalear la campaña de McCain.
La gobernadora de Alaska logró superar un principio tenso que, durante algunos minutos, le hizo aparecer con el rostro largo y petrificado y después se mostró más segura, hablando con firmeza a las cámaras y soltando con naturalidad ideas muy al estilo Palin: “Vayan a un juego de futbol de sábado y pregunten a un padre por la economía y les apuesto que escucharan miedo en su voz”.
No cometió ninguna equivocación garrafal y cumplió con efectividad su misión de apelar a los votantes conservadores republicanos.
El senador por Delaware fue amable; pudo controlar su carácter arrebatado, se mostró calmado, se dirigió con profundidad a la clase media y sobre todo hizo lo que debía hacer anoche: escucharse y lucir como un vicepresidente.
Ambos candidatos tuvieron algunos momentos sobresalientes. Biden cuando logró conectar varios jabs consecutivos al criticar con elegancia la etiqueta de disidente que la gobernadora insistía en subrayar de McCain y casi al final del debate, cuando la voz le tembló y se mostró emotivo al recordar el drama familiar que vivió cuando perdió a su esposa y a una de sus hijas en un accidente. También cuando habló de su barrio y de la dignidad y el respeto con el que criaban las madres a sus hijos.
“Campeón, si te noquean tienes que levantarte y seguir adelante, eso fue lo que nos enseñaron”, dijo Biden con una sonrisa de anunciador de pasta dental que no lo abandonó en toda la noche.
Palin tuvo su mejor momento al final, cuando libre de las respuestas forzadas pudo dirigirse al estadounidense promedio para hablar del “cambio” que ofrece John McCain.
El debate fue un duelo de cortesías: ambos se saludaron con efusividad y se dijeron que era un gusto conocerse (jamás habían estado juntos y menos compartido un escenario) y al final se despidieron con sonrisas y frases amables.
“Buen trabajo”, le dijo Sarah Palin a Joe Biden antes de que las familias de ambos saltaran al escenario de la Universidad de Washington como si asistieran a un picnic dominical.