WASHINGTON.— Con su aura de madre sacrificada y con su reputación de insobornable gobernadora de Alaska, Sarah Palin escaló a la cima de la escena política nacional como la candidata providencial que llegó para energizar las bases conservadoras del Partido Republicano y apuntalar las aspiraciones de John McCain a la PresidenciaHoy, esta imagen se ha visto mancillada con revelaciones que la vinculan con donaciones de dos senadores republicanos que son objeto de intensas pesquisas por su presunta vinculación a un escándalo de sobornos y tráfico de influencias con compañías petroleras que buscaban jugosas exenciones fiscales.
“La gobernadora Palin siempre se ha adherido a los más estrictos niveles de ética. Tan pronto se enteró de las donaciones, decidió inmediatamente darlas a beneficencia”, aseguró ayer el vocero de su campaña, Taylor Griffin, en un intento por atajar un nuevo escándalo que ha vuelto a sembrar dudas sobre la verdadera naturaleza de Palin.
Los pecados de los senadores John Cowdery y Bruce Weyhrauch, antiguos aliados de Palin, se han convertido en una peligrosa carga para la aspirante republicana a la vicepresidencia.
A sus peligrosas relaciones con senadores que han vivido del tráfico de influencias, Palin ha visto como en el curso de las últimas horas el prestigioso diario The Washington Post hacía pública la lista de regalos que ha recibido de poderosos hombres de negocios.
En total, una lista de 41 regalos que habría aceptado la gobernadora y que incluyen piezas de arte, viajes gratis para sus familiares, un alfiler con una pepita de oro valuada en mil 200 dólares y una máscara de marfil de 2 mil 200 dólares, entre otras muestras del cortejo al que Palin no se ha podido resistir para poner en entredicho su fibra moral y ética como posible vicepresidente de Estados Unidos.