BUENOS AIRES.— En Bolivia, el olor a guerra civil cada vez es más intenso. Ocho muertos y más de 60 heridos fue el resultado, ayer, de sendos enfrentamientos armados en las ciudades de Porvenir y Cobija, departamento de Pando, en el ingreso de la fase sangrienta de tres semanas de protestas y varios días de enfrentamientos.
Hasta anoche, los tiroteos aislados se mantenían y el gobierno demoraba la sanción de medidas extremas para retomar la calma, aunque volvió a denunciar intentos golpistas de la oposición, al tiempo que el presidente Evo Morales advirtió “que la paciencia tiene un límite”.
Según el viceministro de la Presidencia, Sacha Lorenti, “por lo menos ocho muertos están en la morgue de Pando”, aunque en el resto de la Media Luna Oriental, los enfrentamientos, los ataques a oficinas públicas y a los gasoductos se mantuvieron ayer a la orden del día. Incluso, el prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, reconoció que “la situación aquí es incontrolable”, aunque él, al igual que el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Branco Marinkovic, acusó al gobierno de los muertos.
En Tarija y en Villamontes, donde radican los gasoductos más importantes que abastecen a Brasil y a Argentina, el suministro de gas fue suspendido, por sendos ataques a las instalaciones. Recién en la tarde se había restablecido el abastecimiento de los 14 millones de metros cúbicos, a Brasil mientras que el gas destinado a Argentina seguía sin fluir.
Entre acusaciones cruzadas entre el gobierno y la oposición, la mayoría de los testimonios dan cuenta de que los sangrientos sucesos que enlutaron ayer al país, tuvieron lugar cuando pobladores oficialistas de las localidades rurales de Riberalta y Filadelfia, intentaron ingresar a Porvenir y en Cobija, durante las primeras horas de ayer y fueron repelidos por empleados de la prefectura y militantes autonomistas a los tiros, lo que habría abierto las puertas a una verdadera balacera que se extendió durante toda la jornada de ayer.
Morales tachó a la oposición de “terroristas” y la acusó de incurrir en actividades “delincuenciales” y “antipatrióticas”.
Ante el agravamiento de la situación, los países de América del Sur expresaron su preocupación y los gobiernos de Brasil, Argentina y Colombia dijeron que enviarán misiones para intentar una mediación. El gobierno de Evo respondió diciendo que no descarta que los “países amigos” participen como mediadores, pero aclaró que sólo pedirá que envíen misiones cuando esté allanado el camino del diálogo.
El presidente venezolano Hugo Chávez fue más lejos en su apoyo a su par boliviano, al decir que “si a Evo lo mataran, crean los golpistas de Bolivia que me estarían dando luz verde para apoyar cualquier movimiento armado en Bolivia, no tendría yo ningún problema”. La Comunidad Andina también rechazó la ola de violencia y llamó a preservar, mediante el diálogo, “la institucionalidad democrática y la unidad” de Bolivia.