BERLÍN.— La intervención del presidente ruso, Dmitri Medvedev, que difundió ayer la televisión de su país y durante la cual el mandatario anunció el reconocimiento de Rusia a la independencia de las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjasia, duró tan sólo cinco minutos, provocó un terremoto diplomático mundial y volvió a revivir el fantasma de la guerra fría en Europa.
“He firmado los decretos de reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia por parte de Rusia”, anunció Medvedev. “Rusia llama a otros Estados a seguir su ejemplo”, añadió.
Pero Medvedev consciente del movimiento telúrico que provocó su anuncio y de las posibles consecuencias que puede tener la decisión de su gobierno de aplicar la vieja política de “hechos consumados”, sentenció que su país no temía el renacimiento de la guerra fría en el viejo continente.
“No tenemos miedo a nada, ni siquiera a la perspectiva de una guerra fría, aunque no la queremos. En esta situación todo depende de la postura de nuestros socios de la comunidad internacional”, dijo Medvéded
El anuncio del mandatario ruso fue rechazado con energía y una pasión poco común por Occidente que utilizó todos los adjetivos admitidos en la diplomacia mundial para condenar la medida. “Inaceptable”, “intolerable”, “inadmisible” e “injustificable”, fueron algunos de los calificativos que se escucharon ayer en Europa.
Pero la crisis en el Cáucaso y la decisión de Rusia de apoyar la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, además de revivir el fantasma de la guerra fría en Europa, puede provocar una peligrosa crisis en el seno de la Unión Europea, cuyo presidente de turno, Nicolas Sarkozy, arriesgó la credibilidad del club comunitario cuando negoció un acuerdo de alto el fuego.
El acuerdo negociado por Sarkozy no incluyó el futuro territorial de las dos regiones rebeldes, un vacío que facilitó la decisión de las dos regiones de independizarse de Georgia.
El domingo pasado, el presidente Sarkozy anunció la celebración de una cumbre extraordinaria de la UE, que tendrá lugar en París el 1 de septiembre, para señalar a Rusia que la Unión Europea es una fuerza con la que hay que contar y también respetar. Pero, desde ayer, Sarkozy está confrontado a un dilema diferente y peligroso. El mandatario francés deberá buscar un consenso para aprobar sanciones contra el oso ruso y, de esta manera, salvar la cara ante el mundo.
Pero, ¿qué país europeo se atreverá a castigar a Rusia, que exporta al viejo continente 30% de sus necesidades energéticas? El gobierno de Washington tampoco lo tiene fácil, ya que necesita a Moscú para imponer sanciones a Irán en el seno del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas.