DENVER, Colorado.— En la campaña por la Presidencia de Estados Unidos hay temas que son tabúes, de los cuales nadie quiere hablar, pero de los cuales todo mundo habla, sólo que en secreto. Uno de ellos es el racismo. Otro, aún más sensible, se asomó ayer a la convención demócrata sin ser invitado: la posibilidad siempre latente de que en cualquier momento ocurra un atentado político.El tema explotó ayer, cuando los casi 5 mil delegados asistentes a la convención se desperezaban en sus hoteles. Muy temprano las principales televisoras difundieron que la policía había detenido a tres hombres. Uno de ellos fue detenido por no respetar una señal de tránsito y los agentes encontraron en la cajuela del automóvil armas, municiones y droga.
Uno de los detenidos ostentaba una esvástica y es sospechoso de tener vínculos con grupos de supremacistas blancos. El incidente movilizó al FBI y cuando desayunaban los delegados demócratas se enteraron de que, en apariencia, la policía había logrado arrestar a un grupo de hombres que planeaban un atentado cuyo objetivo era Barack Obama.
De acuerdo con los propios acusados, dicho atentado iba a producirse el jueves, durante el multitudinario discurso que Barack Obama pronunciará en un estadio en Denver.
Según la cadena CBS4, uno de los sospechosos declaró a la policía que “iban a matar a Obama desde un punto elevado utilizando un rifle” a una distancia de 685 metros.
Por la tarde un vocero del FBI dijo que no había elementos confiables para creer en que las amenazas de esos hombres fuesen creíbles. Un funcionario de una agencia de seguridad citado por CNN declaró que se trataba de “un iluminado que alucinaba bajo los efectos de la droga y se hablaba a sí mismo”.
Como un espectro, el tema recorrió los pasillos de la convención y ensombreció el segundo día de las actividades. Muchos delegados comentaban el incidente en voz baja, pero nadie quería hablar del tema abiertamente.
“Es un asunto que solo será tratado por las agencias indicadas”, dijo Josh Ernest, uno de los voceros del presunto candidato, antes del mediodía. La seguridad policiaca alrededor de la convención pareció estrecharse tras el incidente y se presentaron los primeros sucesos violentos.
Serían las 10 de la mañana cuando Josh Ernest invitó a los reporteros a asistir a un foro de discusión con la esposa del candidato, Michelle Obama, al mediodía, en un auditorio a dos kilómetros de distancia del centro de convenciones.
Pero minutos después miembros del Servicio Secreto rodearon el edificio y lo que estaba previsto como un evento público se convirtió en un foro a puertas cerradas.