BERLÍN.— Nicolas Sarkozy regresó ayer a la lujosa villa ubicada en Cap Nêgre, propiedad de la familia de su esposa, para continuar con sus vacaciones y feliz de haber logrado, por el momento, poner fin a las hostilidades entre Rusia y Georgia, una mediación que fue aplaudida por amigos y enemigos en su país.“Hay un texto, ha sido aceptado por Moscú, ha sido aceptado por Georgia. Tengo el acuerdo de todos los protagonistas”, dijo Sarkozy, después de poner fin a uno de los días más agitados e importantes en su breve permanencia en el Elíseo.
El mandatario francés, en efecto, obtuvo un valioso triunfo diplomático al negociar, en nombre de la Unión Europea, un alto el fuego entre Moscú y Tbilisi, una mediación que fue aplaudida sin vergüenza por los medios franceses.
Pero el resultado del viaje relámpago de Sarkozy a Moscú y Tbilisi, aparte de ser previsible, es ambiguo. Según revelaron algunos medios franceses, el mandatario francés obtuvo la luz verde de Moscú, después de calificar la aventura militar de Mijail Saakashvili, el presidente de Georgia, como “una locura” y de señalar que la reacción rusa había sido “desproporcionada” pero que Francia la “entendía”.
Aunque el acuerdo es frágil y, como suele suceder con todos los altos al fuego, será violado por alguna de las dos partes, la mediación diplomática del mandatario francés depende ahora de factores tan imprevisibles como la voluntad de los 27 socios comunitarios de respaldar una posición común y también, de la actitud de Moscú con respecto al futuro de Osetia del Sur y Abkhasia.
El acuerdo negociado por Sarkozy en las dos capitales está basado en seis principios generales y el más importante es el último que está relacionado con el futuro de las regiones en conflicto. “Existe un compromiso ruso de garantizar la soberanía de Georgia”, dijo Sarkozy. Su interlocutor, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, en cambio, definió el compromiso de su país con una frase que no deja lugar a dudas sobre el futuro de esas regiones.
“A la pregunta de si Osetia del Sur y Abkhasia quieren seguir viviendo en Georgia deben responder ellas mismas y su respuesta será contundente”, dijo el presidente ruso, al sugerir que su país imitará la posición que adoptó la comunidad internacional cuando apoyó la decisión de la población albano-kosovar, que decidió independizarse de Serbia.
Sarkozy, en su rol de presidente de turno de la UE, también tiene por delante un nuevo frente que amenaza con agrietar aún más la débil unidad del club comunitario. Los tres países bálticos y Polonia desean castigar a Moscú por la agresión e incluir a Georgia en el programa de la OTAN, preparatorio para su ingreso a la Alianza.
La iniciativa fue boicoteada por Francia, Alemania e Italia que no desean bendecir una alianza “anti-Rusia” en el seno de la UE.