BERLÍN.— Barack Obama, el senador de Illinos de 46 años vivió ayer un momento de inquietud cuando descansaba en una suite del hotel Adlon, el de más lujo y fama en la ciudad.La fiesta que vivió Berlín, a causa de la presencia del carismático candidato demócrata, estuvo a punto de transformarse en tragedia, cuando un funcionario del hotel descubrió un sobre sospechoso en el lobby del Adlon, que apretó de inmediato el botón rojo para advertir a la policía sobre una amenaza de bomba.
El lobby del hotel fue desalojado, pero pronto la policía reveló el origen del sobre. Un admirador de Obama había encargado a un taxista que llevara el sobre, que contenía una biografía del candidato, con la misión de arrancar un autógrafo del ilustre huésped. Desde que su avión aterrizó en el aeropuerto de Tegel y hasta que finalizó su discurso en la “milla del aficionado”, el político demócrata fue tratado por sus anfitriones como si ya fuera el presidente de Estados Unidos.
El tráfico de la ciudad se colapsó para dejar libre el paso a una impresionante columna de vehículos que escoltó a Obama en su desplazamiento por la capital, un honor sólo reservado a los jefes de Estado en visita oficial.
Angela Merkel postergó en un día sus vacaciones para recibir al candidato en la Cancillería y reservó una hora de su apretada agenda para hablar con el aspirante demócrata a la Casa Blanca. Aunque no hubo declaraciones a la prensa, la canciller se esmeró por ofrecer a su ilustre huésped un recibimiento que sólo han gozado con anterioridad presidentes y jefes de gobierno.