WASHINGTON .— Cuando el candidato republicano John McCain llegue hoy al aeropuerto internacional de la ciudad de México, su presencia difícilmente pasará inadvertida.
Entre otras cosas porque, en uno de los flancos de su recién estrenado Boeing 737, figurará su nombre y el emblema que distingue al Flying Straight Talk Express —El expreso del lenguaje directo—, una aeronave de 95 plazas que ha sustituido a su viejo autobús de campaña— para encarar a la prensa y pelear hasta el último de los votos en disputa.
El nuevo avión, pagado con fondos de su campaña, sustituirá al destartalado charter operado por la compañía Jet Blue y cuenta con dos teléfonos, una máquina de fax y fuentes de electricidad para las computadoras portátiles. Los técnicos de la nueva aeronave confían en que, dentro de poco, también estará dotado con al menos dos pantallas de televisión.
En lugar del famoso sillón ergonómico rojo que McCain hizo instalar en su autobús, el Straight Talk Express, para atender con aires de magnanimidad a la prensa que le suele acompañar en sus giras de campaña, el avión dispondrá de una zona con iluminación especial y el espacio para una cámara de televisión que registrará sus encuentros con los medios de comunicación.
Precisamente, los representantes de la prensa viajarán en la cola del avión. Alejados de los 10 asientos de primera clase que serán asignados a los invitados especiales y de la sección intermedia que ha sido asignada para los miembros del servicio secreto.
Con la compra de su nuevo avión, la campaña de McCain intenta no sólo facilitar el traslado de su candidato dentro y fuera de Estados Unidos. Busca, sobre todo, ganar mayor independencia de la riqueza de su esposa Cindy que, hasta ahora, era quien le prestaba su avión corporativo para algunos de sus traslados sin la escolta de la prensa.
Pero, además, McCain intenta recrear la leyenda de sus recorridos inaugurados en las primarias republicanas del año 2000, cuando fue derrotado por George W. Bush, en medio de una de las más sucias campañas.
Fue precisamente durante esos viajes por todo el país, cuando McCain forjó no sólo su leyenda de héroe de guerra, sino que explotó su imagen de republicano moderado, de político rabiosamente independiente, de conversador directo, auténtico, original y honesto.