BUENOS AIRES.— Mientras el desabastecimiento, por el corte de las rutas y el bloqueo del transporte vuelve a amenazar a las principales ciudades del país, la Iglesia católica convocó ayer al gobierno y a los productores agrarios a demostrar “gestos de grandeza” para acercarse al diálogo. Pero lejos de escuchar el documento, la presidenta Cristina Kirchner, volvió a embestir contra el campo: “Sólo pueden estar 90 días sin trabajar quienes acumularon mucha riqueza”.
Por su parte la Conferencia Episcopal en un comunicado dado a conocer al término de la reunión se lamentó: “Tanta agresión verbal, insultos y descalificaciones lastima la paz social y no hace falta que muera alguien para que se rompa esa paz”.
La situación se agrava en Argentina al igual que los ánimos a un lado y al otro del conflicto. Ayer, esta ciudad, al igual que Rosario, fueron el centro de diversas protestas de grupos piqueteros tanto favorables a las posturas del sector agropecuario, que reclama la suspensión de las retenciones fiscales a las exportaciones de granos, como los que respaldan la posición del gobierno. Pero fue la medida adoptada por los transportistas de granos, quienes decidieron bloquear las carreteras para que tampoco pasen los camiones con alimentos, lo que empeoró la situación de esta huelga interminable.
“Tenemos carne para dos días, más pero verduras ya ayer no han entrado”, explica Jorge Pino, dueño de un mercadito en el barrio de San Cristóbal, que al igual que muchos comerciantes temen que la situación llegue a los niveles de marzo pasado, cuando en la primera etapa del conflicto, faltaron todos los productos de primera necesidad.
Sin embargo, ayer mientras el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, le pidió a los representantes de las entidades en huelga que retomen el diálogo, la presidenta no sólo escogió, una vez más, el camino de la confrontación contra el sector agrícolaganadero, sino que también pareció responderle a la Iglesia y sus intentos de mediación. Fue cuando en uno de sus acostumbrados discursos de “inauguración de obras” dijo que “la avaricia es uno de los pecados que Dios más condena porque congela el corazón de los ricos y no les deja ver el sufrimiento de los pobres”.
“Me pregunto qué trabajador, qué comerciante, puede estar 90 días sin trabajar. Solamente los que han acumulado mucha renta, mucha riqueza. El resto tiene que salir a trabajar. Lo saben quienes todos los días tienen que levantarse y treparse a los trenes. No hay misterios ni secretos”, acotó la mandataria.