BUENOS AIRES.— En medio de la crisis con el campo, que ya consumió 81 días, una nueva teoría económica parece asomar a la superficie: “el método K para enfriar la economía”. Una fórmula que el ex presidente Néstor Kirchner y su esposa y sucesora en la Presidencia no difunden, no plasman en discursos, pero la pusieron en práctica mezclada en la intransigencia con los productores.
Desde principios de año, a medida que se descontrolaba la inflación y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) seguía intervenido por el gobierno y carente de credibilidad, varios economistas le recomendaron a la pareja presidencial desacelerar la actividad económica para tratar de frenar la inflación que, según algunos estudios, este año superará 20%.
Los Kirchner desistieron a los gritos. “Enfriar la economía después de cuatro años de crecimiento sostenido del PIB por encima de 8%, es imposible. Eso es cosa de neoliberales”, sostenían ante sus colaboradores.
Pero de golpe llegó la crisis del campo. El gobierno aumentó de las retenciones fiscales móviles a las exportaciones de granos, de 35% a 45%, para hacer frente a sus compromisos externos e internos y se desató la pelea. Desde entonces la administración K hizo gala de una incomprensible intransigencia, que ya le costó más de mil millones de dólares al Banco Central para mantener la corrida hacia el dólar (único país en el mundo donde la divisa estadounidense sube), la balanza comercial se retrae, al igual que la bolsa y los bonos.
Por ahora, la recaudación de mayo alienta al gobierno a seguir en su tesitura ya que los datos de mayo pertenecen a las exportaciones de febrero, pero “no se sabe hasta cuándo podrá seguir el gobierno contando ganancias”, explica el economista Claudio Lozano. De hecho, el superávit comercial de abril cayó 30% con respecto al mismo mes de 2007, lo que advierte más nubarrones para la economía.
De marzo a la fecha, los comerciantes retomaron las quejas y los industriales comienzan a temer una recesión.
Ni la presidenta ni su esposo lo admiten, tampoco los agotados dirigentes agropecuarios —que ayer planeaban extender la huelga a todas las actividades del campo— lo denunciaron, pero parece que en el marco de una de las mejores coyunturas económicas de la Argentina en los últimos 40 años, los Kirchner crearon un nuevo método para enfriar la economía sin que se note. Generando una crisis que crispa los ánimos, divide a la sociedad y de paso, frena la actividad, tal como hace algunos meses se lo recomendaban los “neoliberales”.