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Ted Kennedy,un rebelde implacable

Demócrata entre los demócratas, el senador es un ‘león liberal’, siempre en favor de los derechos civiles
Ted Kennedy,un rebelde implacableTed Kennedy,un rebelde implacable
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WILBERT TORRE • CORRESPONSAL
El Universal
Jueves 22 de mayo de 2008

WASHINGTON.— La vida de Edward, el patriota del clan Kennedy, ha sido desde sus inicios una contradicción orgánica: nació envuelto en sábanas de seda, pero su carácter adquirió desde muy temprano un sello de rebeldía y pertinencia irrenunciables. No es casualidad su paso de 47 años por el Senado, donde se ha erigido por décadas como un defensor implacable de los derechos civiles, las mujeres, los enfermos, los incapacitados y los homosexuales.

Ted, como lo llaman con afecto incluso sus adversarios republicanos, ha sido, sobre todas las cosas, un luchador. Eligió el papel del chico rebelde por encima del de niño rico, y así ha transcurrido su vida. Hoy es el único ejemplar activo de la “familia real” de la política estadounidense.

Por todas esas razones, ahora que los médicos le diagnosticaron un cáncer cerebral, nadie se ha atrevido a insinuar que siente compasión por el hombre al que sus compañeros de banca en el Senado bautizaron como león liberal, un felino de la política habituado a defender sus ideales con pasión y en ocasiones con sonoros rugidos de desacuerdo.

Siempre ha sido un demócrata entre los demócratas: The National Journal, que desde 1981 se encarga de calificar a los senadores según su ideología, lo eligió el político más liberal en 2006. Kennedy no pudo preservar ese título un año después: fue desplazado por un senador llamado Barack Obama.

Ayer, Ted abandonaba su cama de hospital en Boston, mientras el país asimilaba abatido el posible escenario de que la última llama de la dinastía Kennedy en la política se extinga en menos de un año, como es habitual en los pacientes con glioma maligno.

Hasta ayer nadie se atrevía a declarar si, disminuido por la enfermedad, Ted debería abandonar su cargo senatorial.

En la atmósfera política de Washington no parecía haber indicio alguno que sugiriera prisa por relevarlo.

Después de todo, no es un sobreviviente cualquiera: se ha mantenido en la batalla por 76 años, sorteando tragedia tras tragedia: el asesinato del presidente John Fitzgerald, en Dallas; la muerte de Robert Kennedy, en campaña por la Presidencia, y la desaparición de Joseph, el mayor de la dinastía, muerto en la Segunda Guerra Mundial.

En 2004, Ted fue uno de los oradores principales en la Convención Demócrata, que por fin regresaba a la cuna de la independencia estadounidense. Abrió su discurso con dos célebres frases: “He esperado mucho, mucho tiempo para decir: ¡Bienvenidos a Boston!”. “Intentaré mantenerme en este trabajo mientras sea capaz de hacerlo”.

Ayer nadie dudaba que Ted estaba de vuelta: horas después de que los médicos le diagnosticaron el glioma, enfundado en un impecable saco azul, levantó el pulgar de la mano derecha, como quien dice: estoy listo para seguir peleando.



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