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Una jornada violenta

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José Vales
El Universal
Lunes 05 de mayo de 2008

SANTA CRUZ, Bolivia.— Todos cumplieron su palabra. Santa Cruz contra el mundo reafirmó su camino autonómico. Los seguidores del gobierno demostraron que son gente de palabra y en San Julián, Yapacaní, Plan 3000 y en varios bastiones del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) se impidió votar, se secuestraron urnas y se quemó material electoral y mucho caucho. Era sólo el comienzo de una jornada de violencia tras semanas de tensión.

La carretera a Yapacaní desde Santa Cruz y desde el Chapare permaneció cerrada. Allí todo es Bolivia y de Evo. “Los autonomistas no pasarán”, gritaba Fidel Zurco, el dirigente agrario aliado de MAS.

En el Plan, barrio emblemático de la inmigración de occidente la cosa fue mucho más difícil. Es ese el territorio de extrarradio que la prefectura y el gobierno nacional se disputan. Desde temprano en la plaza, que paradójicamente recuerda al autonomista y federalista Andrés Ibáñez en el siglo XIX, la huestes de El Evo comenzaron a concentrarse para “acabar con estos hijos de chilenos con palos, con piedras y con nuestras vidas si es necesario”.

Los primeros choques con los miembros de la Unión Juvenil Cruceñista, sin sus tradicionales camisas negras que remiten a fascismos ancestrales, fueron varios y espaciados. “Acá estamos para defender el voto, con este palo y con este corazón”, juraba ante la prensa, Andrés Silva, 26 años, “arquitecto”, eufemismo con el que muchos cruceños quieren decir que trabajan en la construcción.

Se cruzaron una vez y la batalla terminó con dos heridos. El segundo cruce fue cerca del colegio Boliviano Alemán, donde la policía nacional buscó desmovilizar con gases lacrimógenos. En esa gaseada un hombre de 60 años murió por asfixia, según precisaron las autoridades.

Minutos después del mediodía, en el bulevar de El Plan, los masistas avanzaron para ocupar el colegio Clementina Tevenev, custodiado por la Policía Nacional y por los cruceños. Piedras, petardos (de esos que se arrojan en los estadios de futbol) lanzados horizontalmente y al cuerpo del “enemigo”, palos y corridas. Fueron dos horas de combate hasta que los gases policiales lo nublaron casi todo, menos las lenguas: “Estos indios de mierda, traídos por los sindicatos provocaron todo esto”, gritaba Carmen Antelo, oficinista, rubia y proautonomista.

“Con la autonomía vamos a tener mejores salarios y mejores obras. Yo gano mil bolivianos (140 dólares) en un frigorífico y con la autonomía voy a ganar más....”, se entusiasmaba Romero Álvarez. Y es que así se presentó la autonomía aquí.



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