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La broma del ebrio

La broma del ebrioLa broma del ebrio
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José Vales
El Universal
Domingo 04 de mayo de 2008

SANTA CRUZ DE LA SIERRA.— “Una vez venía un camba borracho por la avenida San Martín, gritando: ¡Que se mueran todos los collas y los aymaras!, menos mi madre y mi padre”. El chiste, en boca de un sacerdote al que sus 54 años viviendo en Bolivia le dan la autoridad para conocer hasta las bromas en este país, resume mejor que una Constitución y un estatuto la realidad del enfrentamiento entre Santa Cruz y el occidente del país.

La región económicamente más pujante del país, la que aporta un tercio de la riqueza y es uno de los dos reservorios de los vastos recursos naturales que hacen de Bolivia un país saqueado más que pobre, tiene la particularidad de que no sólo fueron blancos inmigrantes, sino oriundos del altiplano y de otras regiones del país, los que aportaron, desde la década de los 50, a su meteórico desarrollo.

La céntrica y muy animada avenida San Martín, a la que sólo la falta de mar no la hace parecida a la calle más movida de un balneario, en uno de los centros de diversión más concurridos de los cruceños, también alberga a jóvenes de rasgos aindiados que se consideran “cruceños, autonomistas” y repudian todo lo indígena. Una paradoja social propia del “inmigrante que trata de ser aceptado”, explica la investigadora y analista, Claudia Peña.

Por eso, la tensión de los últimos días, las amenazas veladas o directas desde ambos sectores, difícilmente pueden derivar en el principio de la secesión. Lo dicen los analistas, más consustanciados con la causa cruceña y hasta los cruceños de a pie, o en un enfrentamiento armado, como se creía hasta hace unos días. Justamente por el chiste del borracho con el que un sacerdote suele divertir a algunos de sus feligreses y porque “las rutas que conducen al Pacífico para sacar las exportaciones conducen al occidente”, según el economista Carlos García y porque el gobierno de Evo Morales sabe que no cuenta con la posibilidad de reprimir este acto que, aunque legítimo políticamente, es inconstitucional.

Pero tanto antagonismo a lo largo de la historia tiene espacio de transformarse en material explosivo. Principalmente en los barrios y ciudades habitados por familias llegadas del occidente como los barrios del extrarradio cruceño o Yacopari, a 250 kilómetros de aquí, donde los pequeños productores que lo habitan prometen “no dejar instaurar las urnas”.

Son los que entienden, como el economista Gabriel García que esta pelea autonómica pasa más por “el interés de frenar la distribución de decenas de miles de hectáreas” en manos de no más de 300 familias más que en la necesidad de administrar la pujanza departamental. Sólo después de lo que termine por pasar esta noche, se sabrá si en Bolivia aún hay lugar para chistes donde cambas y collas aparezcan juntos.



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