BUENOS AIRES.— “Existe un ambiente donde las tensiones podrían convertirse en violencia y enfrentamientos”. La reconocida experiencia del secretario de Asuntos Políticos de la OEA, Dante Caputo, lo llevó a alertar ayer sobre la posibilidad de que el referéndum autonómico del Departamento de Santa Cruz, que tendrá lugar el próximo 4 de mayo, termine por desatar una crisis sangrienta en Bolivia.“Están dadas las condiciones para un proceso de negociaciones prudente y reservado” entre el gobierno y las autoridades regionales opuestas al Ejecutivo en Bolivia, pero “razones de naturaleza política bloquean ese comienzo de negociaciones”, explicó Caputo en su exposición ante el Consejo Permanente de la OEA reunido especialmente en Washington.
Ex negociador de la ONU en Haití en 1994 y ex canciller argentino durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Caputo alertó que el próximo 4 de mayo día de la convocatoria al referéndum en la pujante Santa Cruz, junto a Beni, Pando y Tarija, “puede haber violencia”.
La crisis política que en Bolivia mantiene enfrentados y sin atisbos de reconciliación a los departamentos de la Media Luna oriental y el occidente empobrecido, hizo que los países agrupados en el ALBA (Alternativa Boliviariana de las Américas) salieran a respaldar al gobierno del presidente Evo Morales durante una cumbre extraordinaria celebrada en Caracas.
“Hemos decidido lanzar al mundo una declaración de solidaridad y apoyo a la República de Bolivia, al pueblo de Bolivia, al compañero Evo Morales”, dijo el presidente anfitrión, Hugo Chávez, quien pidió a Estados Unidos que “deje a Bolivia hacer sus cambios en paz”.
Chávez, Morales, junto al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y el vicepresidente cubano, Carlos Lage firmaron una declaración en la que expresaron un “firme rechazo a los planes de desestabilización que buscan vulnerar la paz y la unidad de Bolivia”.
“Está en marcha un intento separatista que se fragua contra Bolivia, a través de un pretendido referéndum convocado en franca violación de la Constitución y las leyes bolivianas”, precisaron los gobiernos en la declaración leída por Lage.
Los mandatarios ratificaron la posición de “no reconocer ninguna figura jurídica que pretenda desprenderse del Estado nacional boliviano y vulnere la integridad territorial de Bolivia”.
De esa manera la agravante situación política boliviana se analizó ayer tanto en Caracas como en Washington. En la capital estadounidense, Caputo quien pasó los últimos 22 días en Bolivia como enviado del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, para evaluar la complejidad de la crisis e intentar acercamientos, admitió que existe la posibilidad de que los prefectos de la Media Luna y el gobierno de Morales formen parte de una mesa redonda “de manera reservada, sin que eso sea denominado un diálogo”. Pero al tiempo aclaró que “los prefectos (gobernadores) deberían aceptar esta propuesta nuestra y aún no han respondido”.
Según el ex canciller argentino “esa no respuesta aún por parte de los prefectos indica que prefieren esperar los resultados y así comenzar a negociar con el respaldo de una votación” que se presume masiva en esos departamentos en favor de la autonomía. No obstante, Caputo admitió que la administración de Morales le pidió a la OEA que “sea testigo y garante de todo lo que sucede” en el país.
Chávez convocó a la reunión del ALBA, después de que el lunes el ex presidente cubano Fidel Castro opinara en uno de sus ya acostumbrados artículos en la prensa cubana que en Bolivia existe “una verdadera amenaza de desintegración real” del país que podrían derivar “en luchas fratricidas”. Algo a lo que Caputo ante la OEA pareció darle la razón y de ahí que tratara de alertar al resto de los países miembros de que Bolivia corre peligro.