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“Nos ha costado mucho”

“Nos ha costado mucho”“Nos ha costado mucho”
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J. Jaime Hernández
El Universal
Miércoles 23 de abril de 2008

FILADELFIA, Pennsylvania.— Sobre el camellón de la calle Broad, que domina desde las alturas la augusta imagen de William Penn —el fundador de Penn- sylvania—, un grupo de simpatizantes de Hillary Clinton apretaba ayer filas para festejar la victoria de su candidata.

“Es una victoria que nos ha costado mucho, pero que le permitirá convencer a los superdelegados de que su nominación cuenta con el respaldo de los estados más importantes y sin los cuales no se puede ganar la Casa Blanca”, dice Ann Marie Walker, una estudiante de la Universidad de Pennsylvania que acudió a la fiesta de Hillary en los salones del Hotel Hyatt Park.

Un apretado grupo de incondicionales se apretujaban en el auditorio donde Hillary recuperaba el impulso y aliento que le permitirá mantenerse en la contienda, mientras afuera del hotel el eco de su victoria encontraba escasa resonancia.

“¡Hillary! ¡Hillary! ¡Hillary!”, coreaba un grupo de jóvenes que se identificó como parte del equipo de la senadora por Nueva York, mientras observaban a la distancia a un grupo de obamistas que se agrupaba en la esquina con la cara descompuesta.

“Hillary y su maquinaria han ganado. ¡Pero, Obama ha conseguido unos resultados que nos llenan de orgullo!”.

La voz es de Clifford P. Frank, un trabajador social de 55 años que conoce de cerca el submundo de la pobreza y la marginación, en los suburbios de Filadelfia.

“Obama ha ganado perdiendo. Hace apenas un mes, Hillary prometía una victoria por más de 20 puntos y hoy la diferencia de su victoria no ha sido tan abultada”, dijo Clifford.

A espaldas de Clifford, un grupo de simpatizantes de Clinton trataban de contagiar su entusiasmo a los transeúntes que pasaban por la avenida, pero sin tener buenos resultados: sólo algunos curiosos y turistas se animaron a participar en un festejo “de puertas a dentro” en los salones del hotel.

El contraste de imágenes, dejó en evidencia los sentimientos encontrados en una ciudad en la que ganó Obama.

“Por primera vez en muchos años, hemos registrado niveles récord de empadronamiento entre los estudiantes que hemos apoyado a Obama contra la maquinaria política del gobernador, Ed Rendell, y del alcalde, Michael Nutte”, dice Anna Krutz, una estudiante de la Universidad de Pennsylvania y miembro del núcleo más activo y combativo en favor de Obama, mientras la imagen de un presidente Bush encaramado a un misil balístico que apunta hacia Irán avanza en cámara lenta.

“Hasta que Obama jure como presidente no tiraremos la toalla”, asegura Shareena McCormick, una madre de dos hijos que observaba con un aire de tristeza y resignación el festejo de los clintonistas.



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