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El fin del mundo de Óscar B.

El fin del mundo de Óscar B.El fin del mundo de Óscar B.
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José Vales
El Universal
Lunes 21 de abril de 2008

ASUNCIÓN.— Ña Trampeata (‘De todas formas te haremos trampa’, en lengua guaraní) es la consigna del Partido (Colorado) para los días de elecciones. Y hoy no va a ser la excepción....” La de Óscar B. es una sinceridad brutal. Pero su testimonio reflejaba el hartazgo de toda una vida.

Como en otras 10 elecciones anteriores —incluso en aquellas tan sui generis de la época de Stroessner, cuando se “ganaba” con 90%— Óscar fue el apoderado del Partido Colorado en las seis mesas del Colegio María Auxiliadora, en la calle Luis María Herrera del centro asunceño, porque él es “colorado desde 1962”, pero aclara que su lealtad “es con el partido no con los delincuentes...”.

En las mesas todo transcurría con normalidad y Óscar encuentra en el periodista a la persona ideal para hacer catarsis política y terminar anticipando el por qué de un final de época.

“Yo me afilié al partido porque si no lo hacía no conseguía trabajo. Porque acá en la época de Strossner si no se estaba afiliado no se trabajaba en ningún lado”, recordó Óscar, quien ya en la mañana garantizaba que “esta noche gana (Fernando) Lugo, pero acá no van a querer reconocer. Yo no tengo ningún problema con que la doctora Blanca (Overlar) hubiese sido candidata ella sola, pero no como el monigote de Nicanor (Duarte). Eso nos agotó...”.

En este punto es donde Óscar y sus contradicciones obligaron a la pregunta: “¿Pero usted no es el apoderado Colorado acá?”. Y la respuesta no se hizo esperar: “A mi me enseñaron de niño que tenía que ser fiel al Colorado no a los corruptos. Y el partido viene corrompido hace rato...”

Ña Trampeata estaba en el ánimo de todos aquí, sin exclusión. Incluso de los militantes colorados que como este licenciado en Administración de Empresas, vinculado a la publicidad de 63 años, que resultó ser ser la síntesis perfecta del paraguayo medio. Su testimonio explicó mejor que mil análisis algunas causas que motivaron el quiebre histórico que vivió ayer el Paraguay. “Yo voy a votar cruzado. Me voy con Lugo, pero a diputados y senadores, voto Colorado”.

“Esta noche gana Lugo, pero no sé si le va alcanzar...”, dudaba Óscar, acostumbrado a “ser parte de la trampa durante tantos años”.

De la posible trampa estaban alertados los observadores que sólo recogieron irregularidades leves.

En la tarde, los sondeos a boca de urna, le iban dando la razón a Óscar: el triunfo de Lugo era ajustado, pero en el oficialismo nadie lo reconocía. Eso mientras los simpatizantes de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), la coalición que apoya a Lugo, repartían símiles del pasaporte de Duarte y del senador Juan Carlos Calé Galaverna —el hombre al que todos señalan como “el titiritero de la Justicia”— con la inscripción “que se vayan ellos del país”, en alusión a los más de 100 mil paraguayos que cada año buscan otra suerte más allá de las fronteras.

Desde los comités oficialistas les respondían con fuegos de artificio. Nadie supo si los que celebraban eran colorados como Óscar, esos para los que el país y el partido es una misma cosa. Para los que ser colorado es una forma de vida, una vida que a lo largo de 60 años de la errática historia paraguaya, se la habían ido privando de a poco.

Finalmente fueron ellos los que destruyeron la consigna histórica que movía a “la marea roja” (la maquinaria partidaria). Ellos y los millones de paraguayos que ayer votaron por un cambio de época. El Ña trampeata, se transformó en el Opa ma Colorado, O sea “el fin” del Partido de Estado. En la noche Óscar era uno de los millones de paraguayos que gozaba por haber errado, en parte, con su pronóstico.



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