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China lanza ultimátum a los tibetanos

Gobierno fija el lunes como plazo límite para poner fin a los disturbios
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El Universal
Domingo 16 de marzo de 2008

PEKÍN (Agencias).— Las autoridades chinas dieron ayer un plazo de 48 horas para rendirse a los manifestantes en Lhasa, la capital tibetana, donde se han registrado los peores episodios de violencia desde 1989.

El gobierno de Pekín reconoce la muerte de 10 civiles desde el viernes, pero grupos de tibetanos en India dijeron tener confirmada la cifra de 30 tibetanos muertos y advirtieron de reportes sin confirmar que hablan de más de 100 víctimas fatales.

En Lhasa, el gobierno tibetano ordenó la salida de los turistas, mientras soldados a pie y en vehículos blindados patrullaban las calles y aplicaban un estricto toque de queda. De todas formas, las protestas contra el régimen chino se extendieron a la provincia de Ganzu, a pesar del ultimátum de las autoridades, que dieron a los manifestantes de plazo hasta el lunes para entregarse y recibir el beneficio de la indulgencia. “Los criminales que no se entreguen en el plazo serán severamente castigados de acuerdo a la ley”, indicó el sitio de internet del gobierno tibetano.

El presidente del gobierno regional autónomo del Tíbet, Qiangba Puncog, aseguró que el “plan de los separatistas fracasará” y que “responderemos con firmeza”. Según él, la policía no ha disparado contra los manifestantes desde el inicio de las protestas, el lunes pasado.

Sin embargo, grupos tibetanos afirman lo contrario. Funcionarios indicaron a la agencia oficial Xinhua que las víctimas fatales del viernes eran, todas, “civiles inocentes”, entre ellos dueños de tiendas que fueron incendiadas y empleados de hoteles.

Además de los 10 civiles, Xinhua dijo que perdieron la vida otras dos personas por disparos de escopeta y que 12 oficiales de policía habían resultado “gravemente heridos”. Asimismo, habló de 22 edificios y decenas de vehículos incendiados.

La policía disolvió ayer una manifestación de apoyo a los nacionalistas tibetanos en la provincia occidental china de Gansu. Específicamente en la ciudad de Xiahe, unos 4 mil tibetanos se reunieron cerca del Monasterio Labrang, donde expresaron su rechazo al régimen chino y su apoyo al Dalai Lama, en el exilio.

Manifestaciones similares se repitieron en otros países, como Australia, la India y Nepal.

Las calles de Lhasa, en tanto, lucían prácticamente vacías debido al toque de queda, aunque la organización Campaña por un Tíbet Libre (CTL) aseguró que algunos tibetanos desafiaron la orden de no salir a las calles y se manifestaron.

Testigos oculares dijeron que la policía patrullaba las calles bastón en mano mientras seguían humeando los incendios causados el viernes. Los monasterios y conventos budistas estarán bajo un férreo control.

Según el Centro Tibetano para la Democracia y los Derechos Humanos en India (TCHRD), sólo en los templos Jokhang y Ramoche y en el mercado de Thomsighang murieron 25 tibetanos.

Las informaciones sobre detenciones y muertes han variado y no pudieron ser confirmadas de forma independiente, en vista de que la presencia de la prensa extranjera ha sido restringida en Lhasa. John Ackerly, miembro de CTL, dijo en una declaración enviada por correo electrónico que temía que “cientos de tibetanos han sido arrestados y están siendo interrogados y torturados”.

La agitación surgió dos semanas antes de comenzar los festejos por las olimpiadas chinas, con el relevo de la antorcha olímpica, que pasará por el Tíbet, pero el vocero del Comité Olímpico de Pekín, Sun Weide, aseguró que los disturbios no repercutirán negativamente en el evento.

El presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, rechazó los llamados para boicotear los juegos en protesta por la represión china. “Creemos que un boicot no soluciona nada”, aseguró Rogge.

Crece presión internacional

Al mismo tiempo, la presión internacional crecía en Pekín.

Australia, Estados Unidos y Europa instaron a las autoridades chinas a encontrar una salida pacífica al conflicto, mientras que Taiwán, país que China proclama como suyo, condenó la actitud del gigante asiático.

El gobierno tibetano señaló que aquellos que escondan a los manifestantes serán castigados y ofreció recompensas y protección a los informantes. A la vez, la televisión tibetana instó a los residentes a denunciar los “intentos maliciosos” del Dalai Lama, a quien las autoridades acusan de estar detrás de los disturbios.

Las multitudes tibetanas en Lhasa atacaron el viernes oficinas del gobierno, quemaron vehículos y tiendas y lanzaron piedras a la policía en sangrientos enfrentamientos que dejaron muchos heridos.

La televisión china mostró imágenes de manifestantes atacando tiendas e intentando derribar la entrada de un banco, mientras columnas de humo se elevaban sobre la ciudad. Una fotografía de Reuters mostró a un manifestante prendiendo fuego a una bandera china. Otra mostraba personal de seguridad protegiéndose de las piedras arrojadas por los manifestantes.

Durante siglos, Tíbet formó parte en algunas épocas de los imperios dinásticos chinos. Las fuerzas comunistas invadieron y se apoderaron de la región en 1950.



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